LA MAGIA DE CHRISTINE RUIZ PICASSO
La Málaga nacional-catolicista, tuvo a gala estrellarnos contra el mayor artista nacido en nuestra historia; sembró tal inquina contra Picasso que, cuando con la democracia municipal, regida por Pedro Aparicio, trabajamos por edificar nuestra relación con el genio; hasta asociaciones movidas por las izquierdas, nos hicieron llegar sus protestas por la atención prestada al pintor universal. Eso fue cierto, porque en mis amenes, tenía delegada Cultura y también la Participación Ciudadana.
También fue cierto mis vergüenzas, cuando visitando la Corporación el viejo ministro de Exteriores, Fernando Morán, nos preguntó por la obra que tenía la ciudad de Picasso. Haciendo recuento, salvo dos platos en la Alcaldía y las cosillas depositadas por su secretario, el catalán Jaime Sabartés, gracias al concejal de la época, Juan Temboury, ajeno al oprobio oficial, casi ocultas en el Museo Provincial. Un cero, frente a Barcelona, que aprovechó para su Museo la desidia de las autoridades franquistas malagueñas; ni te digo, Paris, que exponía el erario de su trueque fiscal con los herederos del artista.
En esta fecha de mi cumpleaños, puedo disparar mi ego sin luces. Viene a cuento, la reunión con el expresidente Chaves, para concretar las obras que con motivo de la EXPO92, haría la Junta en Málaga. Aproveché la ocasión para proponer, la primera exposición de Picasso en su ciudad, gracias al evento universal. Idea acogida por el presidente al vuelo; y después por el generoso obispo, monseñor Buxarrai, el cual dispuso por su celo constitucional, el Palacio Obispal, para celebrar la primera y extraordinaria, “Picasso, clásico”.
La Exposición dio lugar, a la presencia de la familia del pintor en su inauguración. Por lo que conocí por el pintor y director de la Fundación, Eugenio Chicano, la visita de la nuera del artista, doña Christine a la Casa Natal; quién nos había hecho llegar de forma altruista, diez libros del pintor autografiados del pintor, escucho a Mario Virgilio Montañez, para incorporalos al patrimonio de la Fundación, depositaria por acuerdo de la Unesco, del patrimonio bibliográfico del artista, situado en aquellas fechas en más de 50.000 volúmenes, censados en el orbe.
Posteriormente, tuve la deferencia en mi labor, de estar pendiente de las visitas de la señora y acompañarla, cosa que a veces me ponía en evidencia ante al alcalde, por mi más que particular atención, en despiste de otras labores. En uno de los encuentros doña Christine me pidió el escenario del Teatro Cervantes, para la celebración de la obra de un creador francés, hecha para la conmemoración del primer encuentro picassiano con La Ciudad del Paraíso. La vispera del estreno, nos reunimos en el restaurante de La Consula, me acompañó nuestro amigo y asesor Antonio Parra, que dominaba en idioma galo. Allí la nuera del pintor, siguió explicándonos los deseos del artista de tener un Museo en la Ciudad. Pero para mi sorpresa, me preguntó: -qué haríamos nosotros, si ella dispusiera de su obra para cristalizar el sueño del pintor. En un alarde de mi eureka, casi le dije de disponer la Manquita, por ser la mayor proposición que perseguía de munícipe. Al día siguiente, antes del concierto, preparé que la periodista de Cultura, María Eugenia Melero, del periódico Sur, recogiera en una entrevista la primicia.
Ahora, mucho se sabe y los hechos superan a mi ratito de Cenicienta, pero para creer en las mágicas ensoñaciones, a mí me visitó una Hada madrina, para mi admiración, ahora compartida con el resto del mundo, de la gran obra y magnanimidad de Christine Ruiz-Picasso. Nunca ausente, descanse en paz.
Curro Flores
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