LA SOTANA DEL PAPA
Poseo el hábito tozudo de solazarme o sorprenderme con el blanco del Real Madrid en la tele, aunque la nevada camiseta aparece menos que, en mis estampitas del equipo de los Di Estéfano, porque los millones de kilos de Emirates, y los rollitos del merchandises anual, hacen que disputemos con un terno casi technicolor arco iris. La visita del Santo Padre, me llena la pantalla durante estos días, de un albo madridista, aunque su llegada a Barajas se tocara con su estola roja, detalle de corte “gilista”.
Siempre tengo el recuerdo a mi madre al ver a un Papa, que tuvo que ensartar la aguja de azul para surcir alguna camisa azul gobernante y las miriadas de clientas. No por un motivo de devoción, porque pespunteando ropa ajea, crecen las incredulidades, sino porque toda su ilusión de ser sastra o modista, digamos, del Obispo del Vaticano. Como suelo ser bastante omiso, nunca la pregunté, pero ahora, después de haberle acompañado a comprar tantos cortes de tela en las tiendas de confección, me hace su amor al paño bien hecho, y soñaba por meter la tijera y volar con su Singer, sobre la lana blanca ligera y fresca, de paño para todas las romanas ocasiones, o los paños de seda muaré, para Papas de pasarela. Era su costumbre mandarme a forrar botones, pero me falta saber la dirección de la mercería, para hacerle los recados de recoger los de seda papales.
Es tanto lo que se ha informado de la visita papal, que apunto a no añadir un ápice a los mensajes, aunque por mi gusto político pasional por la paz, su llamamiento contra los que promueven la polarización política que vivimos, lo siento en camarada; aunque no frecuente sus mensajes sinodales, quedado más en retintín de la “metanoia” del Vaticano II.
Como en la farmacia, hasta sin rebotica, se suele hablar de todo, mientras me despachaban el cargamento mensual de mis dosis pastilleras, una señora sentada en tacatá de Inserso, peroraba sobre el buen discurso de Antonio Banderas al Papa, con su evocación malaguista cofrade. Tuve tiempo de recordar, que allá por los ochenta, en la primera edición del Festival de Cine malagueño, “Vover al Cine”, propiciado por mi amigo cineasta, Carlos Taillefer, premiamos a un jovencísimo Antonio por su primera película, y en respuesta al galardón, el actor pronunció un esplendido discurso de agradecimiento, que después fui comentando con Pedro Aparicio tras el acto.
Curro Flores
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