miércoles, 19 de agosto de 2026

EXCELENTÍSIMOS EN EL CAPOTE DE PASEO

 

EXCELENTÍSIMOS EN EL CAPOTE DE PASEO


La foto de Pedro Aparicio, con los excelentes e ísimos pregoneros, amén de la noticia gráfica en los medios de la entrega del Capote de Paseo, hace tres días, al diestro David de Miranda, por su faena temeraria y espeluznante en la Feria de 2025, me hizo recordar aquellas ferias taurinas en las que organicé y formé parte del Jurado del Capote de Paseo.

Ya hasta la IA me ha plantado que el Curro Flores me viene de mi afición infantil por los toros, así que vine a echar amistad con maletillas, y mi feria de antaño era apostarme en el pollete exterior del primer piso de la plaza, a mirar las reacciones de los bureles en los corrales para seleccionarlos y enchuiquerarlos.

Así que fue fácil que el alcalde me encargara las tareas, de elegir los críticos y presidir con ellos las deliberaciones de elección de la mejor actuación de los festejos agosteños. Mi amistad, más política, con el celebérrimo amigo Pacurrón, me facilitó el primer envite, porque recibimos el primer Capote del año anterior a la corporación democrática, y no nos dejaron un ochavo para encargar el próximo, por lo que despistamos al Viti su premio, para otorgarlo a mi primera, escuetita feria.

Por el célebre Joaquín Jesús Gordillo, malagueño de pro, director de Tendido Cero, pergueñé la propuesta de dar un giro a más bombo y platillo, al Jurado del Capote, elevando la selección de sus miembros, así como, exponiendo nuestros resultados diarios a la luz de la afición que entrara por las puertas de La Malagueta.

Renuncié a la presidencia delegada, para ofrecérsela a mi dilecto amigo, excelentísimo don Manuel Alvar, director de la Real Academia, quién acepto con alegría y desprendimiento, acompañado por los caricantanos Manuel Alcántara, Rafael Pérez Estrada y Alejo García, compañeros pregoneros de la Feria del Sur de Europa, continuaron también los críticos de los medios de siempre, y para más suerte, aceptó el maestro Miguel Márquez, alejado de los ruedos, acompañarnos en la tarea de puntuar.

Pocos sabrán que nuestra más excelsa figura del conocimiento de nuestra Lengua, en su época estudiantil, prefería la muleta a los libros de gramática, y que como valeroso maño, hubiera disfrutado más en las capeas de los campos charros que en las aulas de la Universidad de Salamanca de matrícula en matrícula; pero como le repetía con sorna Ernesto Sábato en sus altos de los Cursos de Verano, ya no estaba en tipo de lidiador.

Manolo Alcántara, le otorgaba más valor a madame Curie inyectándose, que a cualquier torero, pero gozaba como yo, de un cariño y devoción paterno-filial al jovencito Javier Conde.

Rafael Pérez Estrada, a pesar de vivir en el barrio taurino que nace en Gibralfaro para rendirse en el rebalaje, de toros estaba bastante pez, aunque en una retransmisión de una corrida de la Cruz Roja, dijera por la canícula que en La Malagueta se inventó el bañador de luces, y que los toreros cambiaban el estoque de ayuda por un abanico.

Alejo, jefe en las ondas nacionales, echaba el verano frente a Los Alamos; tenía pasión por nuestro amigo Pedro Moya, el Capea, ya que desde que despachó en Madrid, más de tres toneladas de Victorinos, pretendía llevar al Bernabéu otro encierro único de El Niño salmantino, con otra camada del ganadero Victorino Martín. Siempre me descolocó, lo de cambiar el césped por albero, y meter seis morlacos en los vestuarios de Raúl y compañía.

Así que cada tarde, hacíamos el paseillo desde la cafetería Horizonte al tendido, dónde puntual nos esperaba el diestro de Fuengirola, para con dos leves comentarios, resumirnos el más sabio meollo de lo que acontecía en el ruedo.


Curro Flores


No hay comentarios:

Publicar un comentario