jueves, 27 de agosto de 2026

LA ARQUEOLOGÍA ESTIVAL FENICIA

 

LA ARQUEOLOGÍA ESTIVAL FENICIA


Si el vocablo “estivalero”, no acogiera a los forofos que trotan por los festivales musicales veraniegos; una inmensa cantidad de excavadores arqueológicos, llevados por el tiempo despejado- solariego y por sus vacaciones universitarias, utilizan el subvencionaje oficial, para darle a la pala de los ¡eurekas!, con el descubrimiento del pasado arcano en verano, serían grandes maestros estivaleros.

Como llegan los finales de Agosto, y la apertura de curso se aproxima, es época de que aparezcan noticias de grandes hallazgos y hallasguíticos desenterrados de A.C.; así los malagueños autóctonos tenidos por boquerones, y por algunos por mercachifles portuarios, nos apedillaban también de fenicios. Hete aquí que en el Cerro del Villar, toca la hora de la esperada noticia pos-ferial, de cómo van los trabajos de nuestro pasado más fenicio, ya en la quinta etapa. Así que me empapo dos páginas de envolver pescado, para que me diga el profesor-arqueólogo de la UMA, don José Suárez Padilla, que se ocultaba bajo la picola de profes y ex-alumnaje en los restos del primer puerto fenicio del siglo octavo a.c., frente a la estela de los resbalajes aeroportuarios del Guadalhorce.

En 1987, de edil de Cultura, tuve la oportunidad de conocer a la sabia arqueóloga, doña María Eugenia Aubet, visitando sus trabajos en la primera etapa en el Cerro, quién me explicó de primera mano sus avances, -la presumible historia de los isleños fenicios que se habían recalado en una isla frente a los lugareños, mosqueados por su presencia, -el delta de nuestro rio siempre lo zumban mosquitos. En fin, como desde Torremolinos a Málaga, tenía poco que contar a muchos huéspedes municipales, antes de explayarme con la ganadería de bravo que pactaba por los Álamos, o explicar la llegada de los tíos filipinos para traernos a la Preysler, de tan dentro de la copla de Julito, achaletando Guadalmar y fabricarnos la San Miguel. Me ponía en culto, para señalarle al invitado, como la carretera era de agua y a la derecha adoraban a Baal y Astarté, y en la orilla norte los supuestos de Netón y familia.

Ya van cinco veranos, de entre 1987 y 2026, no sé si llegaré a la sexta etapa, pero de seguro se unirán, muchas mas universidades mundiales e instituciones culturales del orbe, para escrutar junto a la pasta de las administraciones de aquí abajo, hasta como aprendieron a espetar sardinas los primeros mercaderes púnicos.


Curro Flores





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