LOS CHICUIS MALAGUEÑOS CONTRA EL ORBE MILLONARIO
Con el embuchado deportivo me embuché del previo al Madrid-Málaga, que me divide el corazón forofo dos jornadas este añito. Mi Málaga althanero y judicial, escalado de los avernos, se enfrenta en el santuario del “verde”, después de haber chapoteado muchos barrizales en ocho temporadas. Leía las baladronadas sobre su aspirante al balón de oro, el lugar del podio en la multimillonaria tripleta del díscolo Vinicius, y de repetirme que Cucu y Espi, viven de casorio con Mou en Valdebebas. Era de rigor hallarse una entrevista con el sorprendente ascendente Juanfran Funes, y siendo el periódico de Madrid darle a nuestro jugador Dotor, dos carillas, por eso de que fuera canterano blanco.
Harán el paseillo a las cinco de la tarde, hora taurina lorquiana, en el césped del Bernabéu, mete miedo en la capilla, y Funes pone en el haber jugar con intensidad en su cartilla de preescolar, frente a la patina universitaria y universal de los locales. Eureka si soñamos con el seis-dos histórico en la Rosaleda, por el equipo de Antonio Benítez, allá por mi primera añada de concejal de Cultura en la 83-84, gran reserva de 16 añitos.
El Málaga con telarañas de caudales, puede clamar la noticia en una esquinilla del periódico, olvidada de miopes, que lleva en la plantilla dieciséis canteranos. En mi infancia, el nacional NODO, propalaba el afecto patriótico, señalando al equipo bilbaino como ejemplo, dónde su componentes eran chicarrones vascos, correosos en la Playa de la Arena. Ahora resulta que la necesidad malaguista, ha tirado de patria chica, para exhibir unos “chicuis” que aprendieron a patear en equipo, en la desembocadura fenicia del Guadalhorce hacia la playa.
Desde el portugués de Sétubal al brasileiro, franchuti parisino, perfect english, Antonio en alemán y lo que te rondaré morena por las Costa de Marfil, resulta que la mayor parte del elenco de ricachones madridista en blanco y negro, son un mitingo de la ONU; en el que destacan en castellano “chicuero” Brahim y Huijsen, canteranos de los rebalajes malagueños.
Málaga desde siempre ha tenido en su escudo el D.N.I de hospitalaria, así que de los futbolistas autóctonos, podemos tener más apellidos extranjeros que en el callejero, aunque ahora nuestro irlandés lesionado atiende por Aarón Ochoa. En 2026 más, porque de los 600.000 hay más del 12 por ciento censados de origen güirilandeses. Dicho, en el callejero hay una estrís, dedicada al mecenas aristócrata don Enrique Scholtz, que se tradujo al perchelero como calle Ricachón. Ojalá se vuelva ricachona toda nuestra joven plantilla en almoneda.
Curro Flores
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