ICONOGRAFÍA MALACITANA
El turismo, menos cofradiero, es difícil que sean capillitas del uso y costumbre del paisanaje, que tiene por afiliados a devotos, tan numéricos y repetitivos como los japoneses, capaces de ser creyentes en varias religiones y cultos de índoles divergentes, la cosa es creer.
Nuestros guiris, con pisos turísticos, caravanas u hoteles, nos inundan por tierra, mar y aire; por eso nuestro alcalde astuto y longevo, capaz a sus años de saltar en Holly Week, de casa hermandad a parroquia, para dar campanazos de salida a todo trono saliente. Ha bien pensado el Mayor, de prolongar hasta su infinito electoral, dejando en la entrada del Puerto, las esculturas de Neptuno y Venus, guarnecidas como Las Cortes, con sus leones bedeles. Aunque sea difíciles llevarlas a paso de trono, Málaga debe proveer al extraño del aliciente de crear su imagen de devoción clásica, para sus rezos y agrupación colectiva.
Sería pensar en más, hablar con el ministro Puentes, para que plasme un Hermes y su Sísifo en las Pedrizas y en la María Zambrano; sin olvidar que AENA destaque en la terminal Picasso a Dédalo e Ícaro, todos con sus Afroditas correspondientes, leones y hasta una bruja al vuelo.
Como la profesión de autoridad da para extrañas complacencias, no está en ella el deber del juicio estético, y a pesar de que la celadora Academia de San Telmo, refutó el gusto de los ídolos portuarios, para él importa el martillo de tocar la campanilla, ante las expectantes muchedumbres.
Tuve amigos tan incrédulos de pequeños, que su madre recreyente con imagen en el hogar, practicaban el tiro al idolillo en su barbarie infantil; tuve otros estetas que se negaban a admitir el valor artístico de gran parte de las imágenes que se portaban en la Semana Santa. Lo cierto es no acertar, porque tuvimos hasta profesor de arte, que pretendía derramar reproducciones en terracota de la Patrona, para que su nube de devotos rezara a su encuentro por cualquier esquina de la City. A tal fin, acompañé al obispo Buxarrai, inaugurando la única expuesta, en el patio catedralicio del Sagrario, mientras el rezo interrumpía un coche de mis correligionarios en plena campaña electoral.
Es ecuménico tachar a los políticos de la actividad cultural, por su mal gusto artístico e incultura, llevé la carga; pero no era de suponer que a esa sin razón se sumara Francisco de la Torre.
Curro Flores
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