AHOGAILLA DE BOQUERONES VICTORIANOS
El último viernes del mes pasado, en plena septembrina temporada de captura de los deliciosos boquerones victorianos, los armadores de las embarcaciones de cerco de la Caleta de Vélez, se dieron con un canto en todos los ojos, porque el exceso de oferta de boquerones en la Lonja de Mercamálaga, llegaron al mínimo en la subasta, despachándose a 1.5 euros la cuerda, más o menos diez kilos.
No hace falta explicar a los “cestistas” de la compra, que pagan el cartucho hasta a seis euros, el desastre para los pescadores del fruto de su arrastre; que se vio compitiendo con su excelencia y calidad únicos, con tonelajes de otros pagos y menor pedigrí.
Pesca y trasiego, le ocasionaron a los propietarios unas pérdidas considerables, y no sé si la irritación, con la necesaria eficacia de pelillos a la mar; por lo que una embarcación tuvo que hacerse a la mar, para arrojarle miles de chapuzones de las 100 cajas de pescaditos, una tonelada; que hicieron volar y saltar de alegría a las gaviotas patiamarillas y compañeras de acampadas veleñas; se vieron delfines pequeños con alborozados brincos, y a las lubinas y merluzos, abrirse los ojos como brótolas buscando el maná.
Este maremoto pasó por un día, pues al siguiente la caja se postulaba hasta por 30 euros, pero bastó para que los humanes le diéramos a la lengua y al chateo, por haberse ocasionado tan descomunal desperdicio. Con la boca echa agua, se apelaba a todas las caridades habidas y por haber, y hasta algún avinagrao se proponía aliñar toda la partida. No sé si la eficaz gestión de mi amigo Diego Vázquez, presidente de nuestro Banco de Alimento, hubiera tenido logística para repartir al día entre sus colas de miles de beneficiarios.
Hace años, la prohibición de la captura del chanquete, dio lugar a que cada alijo recuperado por las autoridades, fuera a asilos de necesitados. En esta ocasión, no creo que estuvieran los genios de las redes, para repartir ni trocitos de Moby Dick.
Curro Flores
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