LÁGRIMAS DE ALEGRÍA DE NUESTRO ACEITE
Mi madre acurrucaba el migajón de un joyo de aceite, pellizcando el queso en sus últimas cenas. Mi infancia en los veranos del Cortijo de la Piedra, masticaban el sopetón del unto antes de disparar mis alpargates incansables en la era, mientras saltaba sobre el trillo y los cachos de herrumbre del arado, desmulados.
Llevaba varios días con el “maníaco patriotilla” afectado, cosa inútil, porque por no poseer, no toco ni a una ramita de acebuche confundido en un erial. A más cercanía con el olivar, mi botella de aceite el Torcal, siempre dispuesta a agraciar unos de mis guisos. Del cultivo inmenso de “herencias de viudas” nunca he nadado en el mar de olivos, sin atesorar un charquito para quitarme la arena de los terrones haciendo taconcillos en las suelas. Una invitación de mi amigo catedrático, Alberto Fernández, para participar en el inigualable y canónico libro: “El Aceite de Oliva Virgen Tesoro de Andalucía”, en su parte de historia, mitología, poesía, refranero y muestra gastronómica, hizo orujo en mis entrañas literarias.
Pero mi ser andaluz, me asaltó en rebeldía, porque entre las noticias económicas de devorarme el instante, leía que Deoleo la más potente multinacional olivarera, nacida y crecida, sobre mis queridos humos de Aguilar de la Frontera en su fabrica de Carbonell; iba a ser vendida a una empresa del sector italiana, Migasa y Coricelli; no sé dónde irían las benéficas horas de mi querido José León que, aparejaba el mollete para atrojarse en tantas jornadas laborales; él, me enteró de mayor cuando era el líder socialista del pueblo, de ser el huérfano del Alcalde más querido de los obreros aguilarenses, primera víctima de la Incivil. Ni tampoco que diría el inestimable mercedario, padre Carbonell, apóstol de los presidios, al resucitar del revuelo de su herencia.
Todo se emborrizaba en tanto frito, para que por fin el mito de Heracles de nuestro Escudo, pusiera la clava en las columnas de la puerta de nuestro territorio, y alertara a los leones de la intromisión de forasteros. Hoy es alegría leer, con lagrimones de aceite del bullicio de nuestros nidos, que por 520 millones de chuchas europeas la malagueña Dcoop y la sevillana Acesur han comprado, la empresa española líder mundial en producción de aceite, productora de uno de los cada cinco litros que se consume en el orbe. Medio años de trámites le esperan, para que no suenen los óleos de despedida. Hoy, por lo pronto, un “huevos de toro” perote, aliñado, con boquerones fritos por lágrimas de almazara antequerana.
Curro Flores
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