El
Parque Tecnológico de Andalucía, al margen
Picasso
y Calder oían los discursos inaugurales de su exposición en el Museo Picasso,
todo un acontecimiento, ni lo sabían; mientras, yo hablaba de la magnífica
iluminación de la exposición, Bernard, el nieto de Picasso finalizaba los
discursos saludando al nieto de Calder, y sus dos risueños abueletes,
cuchicheaban subiendo la escalera despistando al exorcista, el inagotable
inquisidor del vuelo de los creadores.
En
sus esenciales espacios vacíos, vagaban sobre su morada, un augusto nido que
voleteaba entre la sombra de los móviles, en el parqué saludos y admiraciones, y me llega la mano y la sonrisa amiga de Federico Beltrán, edil del
Ayuntamiento de Málaga en la época que compartíamos afición y oficio, empresario
cárnico, que urbaniza unas viviendas en los aledaños del Parque Tecnológico, su
Campanillas. Este encuentro entre lo real e imaginario me llevó a pasear por la
avenida sin números de Pedro Aparicio, paralela a la de Don Severo Ochoa, y
perpendicular a la del fundador de Apple, Steve Jobs, con su correspondiente error ortográfico en
la placa, “Steves”.
Estuve
alegre porque por fin a los 20.000
trabajadores del Parque, le habían desdoblado la carretera de acceso, y esta
familia, tan experta en hipercomunicación, no tendría que reventar su paciencia
haciendo colas de parálisis comunicativa
para llegar a su destino. Me sentí de otra manera, cuando vi a las
autoridades de la ocasión presumiendo del hecho en los medios. Poco dado era el
alcalde Aparicio para cortar las cintas inaugurales, pero en este caso se
hubiera muerto de vergüenza, después de la insoportable y ridícula tardanza en
la solución, pero los tiempos cambian y las costumbres se vacían.
Recordaba
aquella Campanillas de barriadas aisladas de mi primer gobierno municipal, sin
servicios, con una terrible demanda de escolarización, sin servicios de ciudad,
con un fuerte tejido asociativo, comandado por Mariano Díaz, que llegó a tener
tres concejales en la Corporación, con coraje en sus demandas, y tal nivel de
influencia, que a los primeros presupuestos municipales de Málaga, les
llamábamos con sorna y envidia los de Campanillas y el resto.
No
sé cuántas veces hubieran cortado el tráfico de Málaga, si aquellos vecinos
luchadores, se hubieran encontrado con los atascos del PTA. Llego a pensar que
se ha descapitalizado el espíritu reivindicativo, en el componente humano del
mayor centro productivo de la Ciudad.
Posiblemente,
por ser para la inmensa mayoría un exclusivo lugar de trabajo, y, a veces, la
precariedad de algunos empleos, sean
parte de las consecuencias de esta apatía.
Pero
del orgullo que el Parque nos debe de producir a los malagueños, su
esplendorosa arquitectura, la amplitud de sus paseos y jardines, el vigor de su tejido empresarial.
Se me hace cuesta arriba, no tener parquecitos con sombras para echar paseo y
un picnic laboral o recreativo, guardería pública, quizás colegio público,
centro social, espacio deportivo público y sanitario, etc. Me falta la Ciudad
atenta, que compartíamos con aquella vieja escuela de ciudadanos, los
campanilleros ¡gran pérdida! Hasta el siguiente gran atasco.
Curro
Flores
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