Póngame un espeto de
SICAV
Se volatilizaban los
“júas” en las hogueras de San Juan, y no
hemos aventado los males que nos subyugan a los castizos hispanos. Tenemos en la carta del chiringuito
raciones hasta el empacho de aborto Gallardón, peperos y duques palmeros
imputados y en adobo, logia de adelgazamiento fiscal al gusto de Montoro,
reserva de añada de Bárcenas, “camarero impasible” a la hoguera del Ritz,
surtido de magdalenas, avales al gusto, pan con tomaca al aroma volátil y muy
de moda los espetos de SICAV.
Mientras los flamantes
reyes reciben y periplan, el Mundial de fútbol les pasa a otras naciones, el
verbo indignar se hizo carne en mi cerebro y tomó esa forma de quiste que te
impide regar con más cacumen. La causa un titular periodístico que comentaba
entre el desparpajo y la complacencia, que mientras los demás pasamos las de
Caín, las grandes fortunas españolas gracias a las SICAV, han tenido beneficios
de una media del 7%, tributando a Hacienda el 1%, por eso de que estos
vehículos de inversión algo así como canales de riego a beneficio de su propia
cosecha.
El mayor estímulo para
las aves de rapiña es más rapiña, y si el Estado se la sirve en bandeja, a la
infinita parroquia de tortolitos no nos queda otra cosa que defendernos o
quedar al albur de sus picotazos. Mientras al articulista solo se le ocurría
destacar la bondad de la noticia, yo no encontraba la tropa anti fraude que
descubriera el entramado de muchas de esas sociedades, que regida por uno solo
de sus accionistas, mantienen una centena silente de asociados, para beneficio
y encubrimiento del patrono, amo o propietario de origen.
Se pone todo el acento,
como es lógico, en descubrir imposturas en los cursos de formación para
parados, como no, en perceptores del desempleo que trabajan en negro; pero no
he sentido la misma alarma en la búsqueda de las sociedades fantasmas o los
fantasmas en las SICAVs, ante tan singular forma de ahorrarse impuestos por la siempre beneficiada corte de los
ricachos.
Mientras rumiaba que
debieran de ser obligatorio y riguroso el aprendizaje de los libros de nuestra picaresca del Siglo de
Oro en el recorrido Wert a todos nuestros alumnos, para evitarles sorpresas en
las relaciones sociales. Un Quijote con nombre de portero del Bayer, Willy
Meyer, se volatiliza con coherencia en la hoguera de San Juan, víctima de un
SICAV que se le cruzó para su infortunio
europeo.
SICAV les queda para
rato a nuestros 39 parlamentarios europeos que no se han dado por aludidos y
que participaban del mismo fondo al que por cosistencia deben de rehusar;
porque salvo para Meyer y mi amiga Magdalena, el verbo dimitir no figura entre
sus preferidos. Lo cierto es que sálvese el que pueda, sus carreras políticas han
entrado en la trama de los 39 negritos,
parangonando a los diez de Agatha Christie. Espectros de SICAVS.
Curro Flores
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