LAS ENCUESTAS DE MASTER
CHEFT
Es tal la importancia
que está tomando la cocina, la creación de sus autores/as, que el verbo cocinar
utilizados para los juegos de proyección
de datos de las encuestas resulta un poco “de modé”. Pero la expresión está tan
enquistada en la prosa política y periodística que uno se imagina entre fogones
a los expertos sociólogos, alargando el suflé de los datos a gustos del
cliente. Así se me antoja que al día después de las elecciones se debieran dar
los MasterChefs naranja y limón en función del porcentaje de acierto sobre los
resultados electorales de las distintas agencias, incluida la pública, siempre
qué nos ahorremos las explicaciones de los autores por los fallos en sus
predicciones.
Punto arriba y punto
abajo, parece que ellos y nosotros estamos a la baja, faltaría menos; y qué los
otros avanzan un poco más de lo imprevisto; dicen, en definitiva, que los bis
no están de moda. Pero lo que me temía, cada cual ha tirado de banquillo, gurú
y jefes de imagen y campaña, e incluso del hartazgo de los militantes de toda
la vida, por eso de que nuestra Europa social bien merece el último suspiro.
Me detiene el dibujo de
campaña de Arias Cañete, el hombre en foto da para cruzado o wikingo, y la
magia del lápiz nos lo ha trastocado en un Richard Gere de peluche. La magia
está en el desmedido pañuelo blanco y azúl que lleva en la foto ELENA
Valenciano, será para evitar una afonía colgada en tantas farolas. IU y UPyD,
más europeos que una walkiria, llevan a Meyer y Wagner como cabeza de listas
¿quién da más? Como de costumbre uno sabe de quién es, pero parece que hay demasiados encuestados que no quieren
ser de lo que va.
Pero hasta la desazón
de las encuestas, nos puede levantar el ánimo, porque nuestros jóvenes
manifiestan una coherencia, que para sí hubiéramos querido en los esbozos de nuestro compromiso para el
cambio de nuestra España de la dictadura a la democracia. Los resultados de los
sondeos que marcan el retrato de los votantes más jóvenes, nos invita a pensar,
que sus selfies son más de gente que abrumadoramente quieren una democracia
como la que se ha plasmado en nuestra Constitución, que como a toda persona
decente le sobran las inmundicias en la política y están hasta el gorro de los
lastres de nuestra Transición, que creen más en ellos mismos que los “ninis”
que nos retratan y que comprensiblemente trabajarán por más democracia, más
equidad, transparencia y menos burocracia en la gestión pública.
Hace tiempo escribí,
tras la dimisión de Griñán, que la Transición debiera de dimitir, no sólo por
la normal carrera de relevos, sino porque las circunstancias imponen no chupar
la última calada contaminada de nicotina. Aunque, no sólo de política vive el
hombre, también se impone un relevo en los presidentes de las grandes empresas
españolas que se despacharon el almuerzo con Rajoy, por eso de que España va
bien.
Curro Flores
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