¡Poyejali! ¡Allá vamos!
12 de abril de 1961, como
el trapecista contesta al portor, inicia el vuelo más celebérrimo de la Historia
de la humanidad, el cosmonauta ruso Yuri Gagarin. Me lo recordaba mi amigo ruso
que por mor de los vientos de la
perestroika, aterrizó en Málaga como músico de la Filarmónica, y que intervino con su agrupación musical en el acto del Pregón
de la Semana Santa malagueña, pronunciado por Antonio Banderas.
En aquella primavera de
1961 el Juanito, la Manuela y Abundio, se enteraron en sendas fábricas de Fráncfort,
Ginebra y Paris. Sus vuelos migratorios se habían iniciado antes, entre la
cuerda floja de la miseria y los planes de desarrollo del franquismo. Nuestros
niños de Moscú ya eran mayorcitos para ser
konsomoles. Con el oro de Moscú, continuaban balanceando los pregoneros
oficiales del régimen, sus connivencias
nazis.
El presídium capitaneado en aquella fecha por el camarada Kruschev,
guardaba en el arcón del Kremlin tres comunicados para evitar contingencias:
-llegó feliz y contento ¡viva el comunismo!; -cayó en su patio, devuelvámelo,
no tomen represalias; y - adiós tovarishch Gagarin, para la peor de desgracia
de la nave; también secuestraron entre las carpetas la carta testamento de
Gagarin a su mujer y el guioncito de instrucciones que debía pronunciar el
astronauta para la vuelta con éxito. Casi un plan quinquenal de minucias
soviéticas, que no pueden ocultar al mundo el feliz resultado del
acontecimiento histórico. Una especie de un uno a cero en la guerra fría.
Medio siglo y con
internet dan para mucho. El cosmonauta igual que nuestro torero Machaquito, gozó de tanto éxito
que hasta acuñaron una marca de vodka con su nombre, el mismo vodka por el que
derrapó su vida cuando se vio desbordado por la labor de representaciones
públicas que le impuso la nomenclatura.
Años se ha tardado en conocer las causas del accidente aéreo que provocó la
muerte de Gagarin. Nueve años de investigación tras montañas de rumores
silentes de la dictadura, han dado como resultado que la fuerza de la estela
dejada por otro avión hizo imposible controlar el caza dónde efectuaba
maniobras.
Ahora, actualmente, estamos
en el año dual ruso español, 350 eventos
lo están enmarcando en ambos países: historia, progreso, creación,
dinamismo, y empresa para el encuentro, pero
aún en la memoria histórica de nuestros paisanajes persisten la incertidumbre y la amnesia,
siguen los nostálgicos del tío José Stalin y sus hegemonías internacionalistas
dando la tabarra, y persisten los
patrioteros en sellar nuestras cunetas tristes y olvidarlas.
¿Se espantarán los
elefantes moscovitas por las tracas falleras? El ayuntamiento de Moscú ha
regalado dos elefantes al zoo valenciano ¡qué gesto!
La hazaña de Gagarin se
va a conmemorar en todo el Mundo, nosotros nos sumamos desde nuestro
observatorio de Tenerife. Perspectiva y nueva realidad geopolítica
descontaminarán de los tics de la
época la verdadera dimensión del logro, aunque será un inevitable el museo del
vodka en el futuro rascacielos Gagarin Square de Londres, y algunas memadas de esa especie
para destacar, que somos capaces de
saltarnos el listón guinness de la estupidez.
Gagarin como El Principito, huyó de las raíces de su
pasado campesino, como éste de las raíces de los baobabs que le destrozaban su
asteroide. Los dos eligieron volar para no perderse entre China y Arizona;
fueron los preferidos entre los pájaros que emigraban, conocieron la azul
Tierra. El cosmonauta vio la Tierra, tan hermosa, que nos encomendó guardarla y
en ciento ocho minutos hizo realidad el sueño de viajar en el día y la noche
por todos nuestros destinos.
Curro Flores
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