Presupuestos y
secuestros
El calor del
verano se resiste, a la vez que las hojas
de los árboles inician puntuales sus vuelos otoñales. Los libros de
textos se vuelven onerosos, se hacen alineaciones multimillonarias y los pocos
currelos turísticos dicen adiós, by!. Hoy Berlusconi se libra de la puñalada de
Bruto, traicionándose a él mismo en el último segundo; en Grecia se ha
convertido el sol de su aurora mitológica en las peores tinieblas del recuerdo
fascista, y así los grises lunes al sol.
Cristóbal Mano tijeras
nos hace sufrir las consecuencias de tener un ministerio partido por dos,
esperaba sumar la economía al ahuecado oficio de taquillero oficial, y ahora se
envanece repitiendo al dictado de su
coherencia ideológica -¡No hay billetes!
Se ha fundido la
furgoneta en la que se llevaban los presupuestos al Parlamento, hoy una
cartulina de diseño que porta Cristóbal Montoro, como amo de llaves de las arcas españolas, la que
incorpora un pequeño artilugio que llevan grabados los recortables del Estado.
La “modernura” no lleva incorporada la jaculatoria “quemar después de leer”, ni
las instrucciones del agente Tom Cruise, “esta grabación se destruirá dentro de
unos segundos”; pero su aparición ante nuestra sufrida concurrencia nos convoca
a pedir con urgencia la cabeza de Bautista, ya que los números de los primos se
hacen pertinazmente tristes.
La austeridad pregonada
no levanta la miseria, partida por partida vemos el padecer cotidiano de los
afectados por los recortes y la mayoría absoluta consume nuestros dilemas e
ilusiones. Agotada la herencia recibida y mal gestionada la oportunidad dada,
el PP se vuelve insufrible, y como la canción, siempre nos dicen lo mismo.
Los presupuestos como
las armas los carga el diablo, durante
años la sinceridad de sus números ha fluctuado de bandería filosófica y sus
teóricos se han enfrentado entre las consecuencias sobre la economía de la
ficción o la realidad presupuestaria. Pero cuando la realidad numérica quiere
ser fiel a sí misma, se enfrenta con la realidad estructural que hace los
números infumables a los ciudadanos.
A los gobernantes
elegidos, no les han aceptado otro papel presupuestario que ser unos pastores
mal avenidos de funcionarios irritados.
Mientras que disminuyen devastadoramente las casillas que hacen al estado más
social y aumentan las recaudatorias. Invertir es un verbo salido de tono que se
sustituye por parchear. Todo se escatima, y se impone un sentido de búsqueda
del eslabón del gasto excesivo, que al parecer solo se encuentra en nuestra
salud y el conocimiento.
A Obama le han pegado
un cerrojazo los anarcos
neoliberales, los españoles tienen rotas
las esperanzas por las cuentas del PP, unos y nosotros vivimos temporalmente
secuestrados por unos presupuestos que
provienen de un pensamiento tremendamente hostil.
Curro Flores
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