UNA PREMIO NOBEL DE LITERATURA


Una premio Nobel de Literatura
Svetlana Alexiyèvich acaba de irrumpir en nuestras vidas, digo esto, porque era una perfecta desconocida, en nuestro trasegar de información cultural-de las otras, conversación, lecturas, empapar por las redes y los mensajitos, que yo  recuerde con nitidez, nunca su nombre había trasvasado el umbral de mi curiosidad.
El Nobel que juega a veleta en su dilatada historia, ha puesto el dedo en la llaga, y ha conseguido el pleno de aciertos al nominal este año a la escritora, periodista, investigadora y ensayista bielorrusa. Le ha dado voz a millones de almas que han caminado a oscuras desde la desaparición de la URSS, y que viven en los territorios rusos y bielorrusos.
Como vivo en un país acultural, dónde la defensa de la cultura, la libertad y demás zarandajas, toman más fuerza cuando se piden las dos orejas de un toro en el tendido de sombra. Alexiyévich nos ha llegado con cuentagotas, un libro traducido, Voces de Chernòbil, edición de 2006. Parece que se prepara la traducción al catalán de El fin del hombre rojo. El resto de Europa la conoce en toda su obra y la viene reconociendo desde hace tiempo, en su país el ignorante nacionalista pre aporte de Alexander Lukashenko la censura, y Putin le hubiera mandado un misil en forma de veneno hace tiempo, si fuera más leído.
Una inmersión rápida por la red me ha permitido la lectura de uno de sus textos testimonios de la catástrofe de Chernòbil, y salvo todos los que desde la erudición más severa se empeñen en contradecirme. Pocas veces en la literatura y en el periodismo de investigación,  las palabras del otro, el testimonio, hayan adquirido la fuerza de las realidades anímicas en la que vive, sueña y padece una mujer viuda de un bombero muerto por la contaminación ¡conmovedora!
Al concederle el Nobel cada medio se ha visto obligado a acercarse a Svetlana (Luz), para tratar de iluminarnos en la biografía de un personaje singular y una escritora en la que genio y compromiso de los más altos quilates para la historia, se funden, para abrazar en el papel el pálpito y la desazón de los seres confundidos con la desaparición del homo sovieticus.
Concederle a la realidad todos sus poderes literarios, es sobrepasar el límite del libro de caballería, del realismo mágico, de los paseos extraordinarios por los infiernos y de todas las dudas ontológicas. La magia de la palabra está en el relato vivo, porque es la magia del alma humana, a la que solamente hay que saber acercarse con modestia literaria, pero con la más alta de las atenciones humanas, dónde  la escritora es la gran maestra.
Espero en nombre de la cultura que nuestras editoriales se pongan las pilas, los españoles  se merecen los libros de la escritora Alexiyèvich, aunque sea para conocer a la primera escritora, periodista de la realidad que le conceden el Nobel en 100 años.

Curro Flores






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