Y SONÓ EL PINCEL
Clarines y timbales retumbaron su fuero, previos al paseillo de los selectos expectantes, por la nueva exposición que inaugura la Fundación Unicaja en su sede mitra.
El Palacio del Obispo arracimó cola junto al gran comedor de su Plaza, por los hambrientos de Cultura, para una vez más, enjugarse un menú selecto de arte. Su presidente, el dilecto amigo José Manuel Domínguez, dio la bienvenida con su rigor académico, con la historia universal del animado coctail de la lira con el óleo, pie de creaciones de las almas más selectas. El comisario José Luis Romero Torres, nos cultivó con su seleccionada guía de ecos sonoros en las paredes de las salas. Pero la ocasión nos ofreció el verbo obispal, para la comunión espiritual de devotos e incrédulos a la vista del recorrido por su vieja mansión. Monseñor José Antonio Satué Huerto, me regó la nostalgia del porque estábamos congregados en aquel patio, la que guardaba en mi intimidad más afortunada: fuera mi pequeña ocurrencia ante el presidente Manuel Chaves, la que disparara el sí a la primera exposición de Picasso en su ciudad natal por los fastos de la Universal del 92M; no encontrábamos espacio los organizadores locales para el evento, y fueron las generosas palabras constitucionales del santísimo monseñor Ramón Buxarrais, tal su fe patriótica, dicho ante Pedro Aparicio, las que se empeñaran en ofrecer su Casa-(El Palacio), para dar la bienvenida a Picasso Clásico. Ahora que es Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga, según me comentó mi amigo Fernando Muñoz, secretario malagueño de CCOO, visitó a don Ramón en la residencia de Cáritas en Churriana, dónde continúa repartiendo ventura con su corazón de buen samaritano.
Pasaron las buenas orales, se abrió el portón de los milagros, y puse a forzar mi marcha saumando bellas obras de arte, al compás de los juegos de Orfeo; en la mitad libada con gazpacho de fresa degustada con la coral de amigos íntimos. Salí a las calles del solar del Paraíso, tropezadas de la multitud de chanclas guiris. Con la idea de volver al día siguiente y gozar de nuevo con la magnífica joya expositiva del “lunes al ocaso” del sol más aguerrido.
Tuve la dicha de departir, al abrir el flamante catálogo de Y SONÓ LA MÚSICA iconografía musical en el arte, con una turista inglesa de tacones ligeros, por oficio editora en su Brexit, quedó tan entusiasmada, que se prometió hacer hueco costasoleño para visitarla. Mis parientes, amigos y conocidos, me han agradecido, que les insistiera en visitar el Palacio del Obispo en anteriores exposiciones; ahora con más fuerza les reitero la murga. y a usted, si ha tenido la paciencia de leer estas líneas, les digo que es perder el tiempo no poder vivirla.
Curro Flores