lunes, 28 de enero de 2019

Rivera se doctoró en malandrín


Con la más aviesa de las intenciones Albert Rivera, y la grave omisión de sus deberes de la presidenta del Congreso, Ciudadanos más PP,  neo flechas y pelayos,  cuestionó el doctorado de Pedro Sánchez, que no ofrece sombra de dudas como se ha podido comprobar.
Me ha llamado la atención que el líder Albert, haya asumido el papel del malo de la película, mala tropa le acompaña. Posiblemente quería meter más ruido de la cuenta, ante su falta de espacio tras el voto de censura, y quería desnudarse de nuevo, esta vez por dentro.
Hasta el menos avezado en el mundo de la imagen, y en la política más, sabe que su fechoría, tiene un amplio recorrido, para que las tropas mediáticas más señaladas de  la derecha, haciendo caso omiso de cualquier criterio deontológico, se doctoren en la infamia contra el legítimo doctorado del presidente. Se tomarán todas las acciones legales, pero el daño irá de boca en boca como consigna que pesque bobos en las aguas revueltas de los C.V. de algunos políticos señaladísimos.
Oír el desparpajo con el que maneja Inda su ignorancia sobre la elaboración y contenidos de las tesis doctorales es bochornoso; peor se pasa leyendo los titulares de ABC, El Mundo y leer sus comentaristas,  o en las redes sociales los asociales cantando  bingo; aunque, Ana Rosa aspiraba en su programa a cum laudem, apoyándose en una aspirante a doctora, como si faltaran doctores y catedráticos en España, para aleccionar a sus televidentes. En el affaire de su marido, aunque tarde, podía haber llevado un albañil y un aspirante a policía para ilustrar a su parroquia del entramado.
Triste la que ha liado Albert Rivera, aunque todavía le queda por explicar su curriculum Guadiana, que dónde había un doctorado, aparecía un máster y viceversa, hasta que la rectora de la Universidad Autónoma de Barcelona lo ha dado por desconocido, cosa de echarle cara.
Lo más triste de esta populachería de baja estofa, es que da pie a esos populismos que florecen contra todo lo construido por la democracia.
La libertad de cátedra, no puede permitir el libertinaje e iniquidad del Instituto de Derecho Público de la Juan Carlos Primero; ni la división de poderes  puede ser un sustraendo a la democracia; tampoco el aforamiento político puede proteger la acción privada de las autoridades aforadas.
La vida pública no puede estar sometida al secreto de confesión, como el sigilo sacramental no debe amparar un delito. Hacer democracia es ponerle luz y taquígrafo a nuestro gasto público, hasta lo más íntimo de las covachas de las que cualquiera se quisiera aprovechar.
Curro Flores

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