El excelentísimo Juanma
resituará sus tropas en las trincheras de las consejerías del reparto,
autoridades portuarias y demás derramas; prometerá lo prometido hasta que
aburran las promesas; mientras a los progresistas perdedores Susana nos cartea
y nos promete su insistencia, y que no
dará tregua a la Santísima Trinidad
de la ultraderecha sureña, y todo en ese plan andaluz.
Pero ahora vienen las
municipales, y en la Ciudad del Paraíso, a Francisco de la Torre le discuten el
dos, los que le pusieron de uno, y ya se sabe que el dos de los populares en
Málaga, amén de que ya puede que no sea
sustituto municipal de nada, Casado le nombre como el discípulo más amado y
complaciente, para minarle el territorio a Moreno y Bendodo; como diría Cánovas
del Castillo: “En política lo que no es posible es falso”, es decir, atento al
dos, que será quién ponga firme a los “sorayos”.
Ciudadanos que aparecen
como los más destacados para los votantes de la capital malagueña en las
andaluzas, tienen el mismo problema que con Juan Marín en Andalucía, su
candidato Juan Cassá Lombardía carece de la nombradía necesaria, y resulta más extraño que la
plantilla del Málaga.
Vox si encuentra a
alguien, aunque “fachas” los hay a porrillos, esperemos que no nos sorprendan
más y enloden nuestro “paraíso” más de la cuenta. Aquellas izquierdas que se
nos presentaron esperanzadas, sin ser Podemos, ni Izquierda Unida, sino lo
contrario de ellos mismos, amén de resultar de lo más apagadas, sus conflictos,
confluencias, círculos y tangentes, han resultado unos secantes para las
expectativas de sus electores.
Y nos queda el PSOE, como el único garante para cambiar
la inercia rancia y recuperar el bastón de mando que perdiéramos en 1995, un poco de aquel
“guerrismo”, nos puso a Martín Toval, y ya se sabe cuántos escaños perdimos.
Ahora, un adelantado y dinámico candidato, Daniel Pérez, acoge todo nuestro
entusiasmo para demudar al alcalde.
Málaga necesita un
cambio de gobierno, pero la tarea no es fácil, recuperar todo el entusiasmo
perdido, estrechar y vivir el mejor contrato municipal con los ciudadanos, huir
de las ocurrencias singulares del llamado marketing electoral, y los apóstoles,
como diría Pedro Aparicio, una lista que
convoque al compromiso y alegría por su prestigio social y personal, léase el
ejemplo del Consejo de Ministros de Sánchez, de lo otro ya hemos tenido la
última experiencia andaluza para tomar debida nota.
Curro Flores
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