Con el maestro Calleya en QUÉ BUENO
Con la exactitud de su batuta, apareció sonriente mi amigo el director Octavio Calleya, salió del coche, en un día destemplado de paraguas costasoleños y su amplia sonrisa afectísima, no la ocultaba ninguna mascarilla de despropósitos. Condujo por el complejísimo tráfico del centro de Torremolinos con más pericia que Hamilton, aparcó donde sabía y apeados nos dirigimos al restaurante rumano QUÉ BUENO.
Entramos en su salón comedor limpio de público, y nos recibió Lacramioara con calor amistoso y hogareño en rumano-hispano, era la dueña, la cocinera, la maitre y la madre rumana para las mejores ocasiones. Cuando nos sentamos, se pusieron de acuerdo en obsequiarme con un menú de platos esenciales de su cocina, así pudimos celebrar con el pidjie con gelatina, el drob de hígado, los pinchitos de carne picada mititei, y para colmo sus callos ciorba de burta, todo brindado con su licor de ciruela tuicá, capaz de tumbar de un sorbo al Ciclopé, y engordar a Gargantuá.
Primero nuestros obsequios navideños, Octavio, buscaba y buscaba entre el libraco de los artículos de Pedro Aparicio, uno sobre un cruce de escritos entre los dos, sobre la calificación de Furtwangler, que para el exregidor era el mejor director del siglo XX, y para el maestro que tiene a Celebidache, como el mejor director de la historia.
Tras las apariciones de los espíritus de todos nuestros colegas y amigos, que en las sesiones de espiritismos de longevos, ya no le aparecen abuelos, sino sus coetáneos, demasiados recuerdos comunes. Entramos en materia que nos ocupó la mayor parte del almuerzo, entre los bocados esplendidos de los animales criados en las cortezas de la desembocadura del Danubio.
Calleya es discípulo del gran maestro rumano Sergiu Celebidache, éste a su vez era prosélito del filósofo Edmund Husserl, y aplicó a sus trabajos de dirección la fenomenología hursseliana, creando la fenomenología musical, Octavio enseñó a los alumnos de su cátedra malagueña de dirección, sus conocimientos fenomenológicos musicales. Así que está enfrascado en su próximo libro COMPENDIO DE FENOMENOLOGÍA MUSICAL Y DIRECCIÓN DE ORQUESTA.
La memoria prodigiosa de Octavio me recordó que no me pudo acompañar en el Festival de Granada de 1992 al concierto que dirigió Celebidache en Granada, el Don Juan de Strauss y la Quinta de Chaikovski, ahí pude apreciar que su dirección trascendía a las notas de la partituras y encontraba el alma de la creación, como le pudo decir el compositor Paul Hidesmith al oir su interpretación de Mathis der Maler. Celebidache era músico, filósofo y matemático. Coincidimos el maestro y yo que por encima de los balones de oro, los grandes creadores músicos, poetas y matemáticos ocupan el pódium del talento humano.
En esta gran conversa se nos fueron las viandas, chocamos las copas con los últimos sorbos de tuicá, y nos prometimos con Lacramiora en volver pronto al inigualable QUÉ BUENO, porque nos esperan otra ristra, para mí novedosas, de originales platos rumanos. Se nos fue la sobremesa, mientras los de la mesa de al lado se ocupaban del virus, las vacunas y el asalto al Congreso de los EEUU.
Curro Flores
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