lunes, 1 de febrero de 2021

El milagroso "ARRUÁ"

 

El milagroso “ARRUÁ”

La imagen y la forma de hablar de locutor de tómbola de ferias del venezolano Maduro, anunciando la medicina milagrosa capaz de curar el coronavirus, que al parecer se encuentra en la devota fórmula del curandero José Gregorio Hernández, el Cavativir, aplicado en diez gotas debajo de la lengua cada cuatro horas y listo, a pasar hambre sin preocupaciones víricas; la noticia sobre los efectos de la colchicina contra el virus, tan eficaz para la gota que le hubiera evitado el doloroso y vidrioso dolor del “canto del gallo”, al mismísimo Cicerón, también el inolvidable vademécum que nos ha llovido de las industrias farmacéuticas de más eficacia bolsística que terapéutica. Me ha recordado una cantinela de la infancia, que oía entre cristales y cortinas sobre los efectos de la pócima sagrada del Perchel, el “arruá”.

Del arruá olvidado, tuve la oportunidad de hablar con el amigo Juan López Cohard, familiar de los creadores del milagro desaparecido, al igual de la cuasi desaparecida calle Cerrojo. Juan empresario “engeliano” de éxito, acepto la encomienda de llevar la candidatura de Málaga a ciudad europea de la Cultura, y por más empeño que puso, no pudo ser, a pesar de los grandes esfuerzos, nuestra fama es ganada para la ciudad de miles de tabernas, bares, chiringuitos y algún que otro tugurio, se cierran librerías.

El arruá se despachaba en el portal más coqueto del tramo largo de la calle Cerrojo, que se iniciaba con el trajín de cargar los motocarros de gaseosas, frente al almacén de hierro cargando barras oxidadas en el camión, y el haiga esplendoroso que cruzaba la calle del cantante de éxito Emi Bonilla, después el infante de la bata blanca pasaba por la lechería, con sus himalayitas de merengue amenazados por las moscas, la casa de Carmen la espiritista, la panadería, el tío de los botijos cargando su borrico, y pasos después la casa de la bella con una entrada de mosaicos y cristales, dónde pudiera haber alguna garrafa, y una cola de parroquianos y hasta de allende los mares que llegaba hasta el almacén de carbón que, venían a curarse o llevarse el brebaje para sanar algún afecto. Era tal la cosa, que era expresión de elogio y fama en el barrio, -eres más conocido que el arruá.

Como el arruá no estaba en wikipedia, le pregunté a mi madre, que inmediatamente reaccionó: -“eso era tan malo que le prohibí a tu abuela que te lo comprara, te lo dio y estuviste con diarrea una semana…”, vaya chasco, -sin más me recordó que había visitado a la dueña, y que al parecer tuvieron su historia sobre la ilegalidad del potingue famoso-.

Si hubiera llegado hasta la sindemia, ahora tendríamos a Bendodo gritando como el moro de calle Nueva, -¡al rico arruá!

Curro Flores

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario