El hombre de Paco: Juan Cassá
Vivía nuestro Alcalde malagueño, severos sobresaltos mensuales, no por el SIM, sino por las siniestras oscilaciones del voto de su tránsfuga. Así que sin que nadie estuviera al loro, se ha firmado un pacto de estabilidad para lo que queda de legislatura entre con Francisco de la Torre (alcalde), y don Juan Cassá (no se sabe), al acto de la firma sapientemente protocolizado por el reclamante, le ha faltado ponerle un reclinatorio al Alcalde en el Salón de los Espejos, para evidenciarlo más.
Los papeles firmados no venían a decir otra cosa que, si los ediles gobernantes quieren llegar a los postres, tienen que debatir y compartir menú con él -susodicho coleta asturiano, lo demás -letra menuda- para que la debatan las cotorras del Parque. Es decir, como debe rezar un nuestro escudo de la democracia municipal de Paco: UN HOMBRE, UN ROTO.
Se ha intencionado constatar las grandes preocupaciones de los firmantes por el empleo, el urbanismo, las tecnologías, los barrios, la cultura, las tradiciones las tecnologías, el turismo y nuestra vocación congresual.
Por concretar se echa en falta la promoción de un encuentro mundial anual de: chominás, amenazas, disparates y otras desventuras de los Ulises del tetrabyte.
En el aspecto cultural de la tenida por la ciudad de los museos, a lo mejor se ha desperdiciado la oportunidad de crear el proyecto del MUSEO DEL TRÁNSFUGA que, sería el auténtico museo de las joyas de la corona, no otros desaparecidos en combate: allí podrán estar fotografiados los más grandes, incluso en ruedas de reconocimiento, a lo Keyzer Sözze, como los sospechosos habituales de nuestra democracia; no debiera faltar un óleo presidiendo de nuestro particular don Juan, a lomos de podenco, pintado por el más egregio de nuestros retratistas. No se debe olvidar, inaugurarlo con una magna exposición temporal, propia de la Ciudad del Paraíso: “EL SOLAR DE LOS AL THANIS, DEL CESPED AL DIQUE”, patrocinada a lo luxury por el Emirato del Golfo.
Las tradiciones, un poner. La vara de alcalde se debe compartir el día de los tontos en nuestra fiesta de verdiales, entre Paco y Juan, debidamente tocados de lazos y espejos, para dirigir entre las masas animosas, la lucha entre las pandas de “los gobernantes” y “los opositores”, dando el cante la ciudadana Losada.
En fin, la Casona del Parque, se ha cubierto de gloria bochornosamente, triste hito en nuestra historia municipal, pero lo más recomendable para nuestro paisanaje, es vivirlo con humor, antes de desvivirnos con sus vergüenzas. Más carrete para las cotorres.
Curro Flores
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