NUESTRO HIMNO EN ALMONEDA
En la televisión sonaba el pasodoble Pan y toros, mientras leía, alikindoi, presté atención a un paseíllo informe de novilleros en un festejo malagueño, para mi sorpresa, al llegar la comitiva a la presidencia, comenzó a sonar La Marcha de Granaderos, nuestro Himno, el escaso público de pie lo terminó aplaudiendo, descanso, y a la lidia.
Hasta deplorar mi afición tras la última corrida de José Tomás, regados en el tendido por la caló, un selfie interior, no solo por la masacre del toro a la que estaba hecho por crianza, más me llevó sumar los días que compartí sudores con la plaza de bote en bote, al olor a la seda manchada con la sangre del torero, siempre abarrotó las colas de las taquillas el sumo riesgo tremendista que, convocó mis atávicos instintos a aquella mi fiesta.
Mi querido abuelo Juan de Dios, me contaba en mis vacaciones infantiles en Aguilar de la Frontera, las hazañas de mi antepasado, mayoral de los Linares en la Sierra egabrense, quién llamaba al toraco Morriones que, corriendo hacia él era revolcado, tendiéndolo por la cuerna, para darle de comer mientras el burel permanecía tumbado; sin carecer de importancia, el toro figura por su bravura como el as del Cossio, la gran enciclopedia taurina. Le perdonaron la vida lidiándolo Frascuelo, su cabeza está en la finca de la ganadería de Guardiola, y destripó en sus apariciones tantos caballos que, hasta los señoritos dieron los caballos de sus enganches, para no parar el evento; ahora estamos en que el ayuntamiento de Córdoba quiere hacer desaparecer los coches de caballos, vaya cambio.
Esos embobamientos de niño fomentaron mis ancestros, antes de empezar a leer Peter Pan. Pero todo pasa, aunque entre tantos años calentando el tendido, nunca oí el Himno Nacional en un ruedo, pensé que era la novedad extravagante que nos traía la NO feria pandémica.
Leí que en el Puerto de Santa María, el afamado torero voxista, Morante de la Puebla, se encerró este verano con los jaboneros de Prieto de la Cal, ahí sonó el Himno para señalar la gesta, pero no los pasodobles, porque los saboríos no son tan de carril, como los domésticados Domech que le permiten el postureo cadencioso.
No sé si cantaron algunos de las almohadillas patrióticas la letra franquista, pero me invade la tristeza, cada vez que veo a nuestros futbolistas mudos y firmes. Tantos años de Constitución y democracia con tantos poetas y letristas, no ha encontrado una mesa de diálogo y catálogo de Ikea, para tener un texto que nos levante como a los andaluces y a todas nuestras autonomías.
No creo que sea cuerdo y serio que en cada festejo taurino se interprete la Marcha Real, porque por esa vía, terminará la cosa en poner firme a una charlotada del Bombero torero y los enanitos, sonando la vieja banda cómica del Empastre.
Curro Flores
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