“EL GARZONAZO”
Los cronistas a la sazón, incluso el más feroz de los Casados, andan a garrotazos con el ministro de Consumo que, siempre que abre la boca se le enfrían los riñones, como diría el pueblo que lo soporta, así que el “mete patas” -tal dice- su ministra Yolanda, siempre disfrazada de abuelita, dispara con una pistolita de agua sin silenciador.
Mientras en Torremolinos dieron cuenta del chuletón más grande del mundo, de la cabaña ibérica, y los guiris se mueren de envidia nacional tras su plato de “pitracos and eggs”, se ha metido en un lio de carniceros, para que lo hagan carne picada. Este joven que ha acampado en el Palacio de la Moncloa, no sabe de los discretos encantos que exigen las elecciones de la más vieja de las Castillas, si hubiera nacido en la época de Franco, cuando no te dejaban poner la carpa salvo -chabolas de latones y miseria-, al buen “comunista”, se le hubiera pegado al oído, aquella vieja copla de Rafael Farina, -“Salamanca campera, toro, torito bravo,…y demás”, y sabría elegir dialécticamente el mensaje táctico, es decir, la consigna a consumir por las masas. Pero él, ungido para revolucionario, ha metido en un lío al gobierno que, por su parte parece de –consolación- más que de coalición.
La verdad es que desde que su prometedora joven figura paseaba por platós a la carta, a la que le guiaba técnicamente su luego jefe Pablo Iglesias, ha pegado Alberto un bajonazo de aúpa, triste, pero cierto. Le ha pasado como a la Excma. Irene Montero, desde que Pedro Sánchez rompió la Igualdad, quitándole a Carmen Calvo de en medio, por discutirle el tamaño de feminismo de cada.
Los plumillas “rightest” de la right, señalan al presidente por mantener a Garzón con cartera, mientras ensalzan las virtudes de Yolanda Díaz, el problema es que la futura candidata, al terminar sus audiencias, tendrá que decirle a la concurrencia que en el “kit” de su proyecto político, con estrellas en la solapa, irá el inevitable “garzonazo”.
Como escueto consumidor, por no haberme tragado el manual de sus incompetencias ministeriales, me acuerdo de él, en la caja del supermercado, y por mi nueva costumbre de mirar los precios de la gasolina. Eso me pasa por no tener una cabaña de terneros, a fastidiarse.
Curro Flores
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