LA COPA DE ÁFRICA EN MÁLAGA
Acá, en la Ciudad del Paraíso, en la calle Corregidor José Viciana, perpendicular a la Avenida Juan XXIII, en un parque público con cancha, junto a los bloques que construimos antaño las cooperativas de San Vicente de Paúl y de la Asunción, a 35.000 pesetas metro cuadrado de solar, más que me entretuvo un hecho que, en mis años juveniles hubiera constituido una extraña ensoñación.
Despedí a mi madre, y antes de coger el coche, con el perrito molesto del vecino gordito, chupándome toda la pana, me quedé apavado como en el patio del colegio, cuando vi jugar al futbito, unos jóvenes atléticos y habilidosos con el balón, marroquíes de una parte, y no sé si eran de Ghana, los otros contendientes, por las ganas con que competían. Fair play total, sin VAR, ni arbitro y como la copa de África sin plataforma de pago, entusiasmo, habilidad y buen juego. Pronto vino un joven del bloque de enfrente, de la cantera hispánica que, se ofreció para las sustituciones de los que se cansaran, el pobre hizo más ejercicios que Isco en la banda del Bernabeu, eran inagotables.
Le dije al chaval que calentaba, lo bueno que eran, me dijo, -es que juegan todas las tardes, restando importancia a la pericia que demostraban con el balón. Un choque fortuito elevó el esférico a una tercera planta del bloque colindante, fastidio, pero como una aparición, un niño, les arrojó el balón con acierto, hasta el ocaso no pararon ¡qué delicia!
A los dos día, observé desde la terraza que estaban calentando, mi mayor sorpresa es ver una infantil “ganesa”, hacer una demostración de malabares con el balón a lo Maradona, futura Alexia Putellas, lo más seguro.
Málaga lleva en su escudo, el deber de ser “la primera en el peligro de la libertad”, más la “muy hospìtalaria”, muchos creen que es por nuestra vocación turística, pero la singular copa de África que estoy disfrutando, le está diciendo mucho más a aquellos ancianos que, para sus bodas accedieron a sus flamantes viviendas subvencionadas.
Nuestro más destacado futbolista malagueño de “nativitatis”, se llama Brahim, ídolo en el Milán, cedido por el Real Madrid. Me acordé de Luis Aragonés al decir que España elevará su categoría atlética, el día que crezcan los hijos de nuestros inmigrantes. El mejor tenista local se llama Davidovich. Más alegría me dan las orlas universitarias con apellidos lejanos, a las que se les presta, obviamente, menos atención que al maldito “Melillero” y al racismo de VOX.
Curro Flores
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