miércoles, 26 de enero de 2022

PERREO Y POSTUREO

 

PERREO Y POSTUREO

Me pasa con el fútbol, cada quincena me paro a ver el partido del siglo que, no pasa de ser un tostonazo, VAR y comentaristas incluidos, el único que se salva es el verde del césped, territorio de ilusiones perdidas. Para más inri me pongo a visionar el FEST de Benidorn, quién me lo mandaría, primera entrega de electos para representarnos en Eurovisión, desesperado le di varias vueltas al reloj de arena.

Un joven que me dijeron fue el ministro más breve de la democracia, con calzas de Luis Enrique, me hizo evocar a los ministros de Cultura: Solana, Solé Tura, Jorge Semprún, Clavero, Cesar Antonio de Molina y algunos más que omito. Lo hacía con más acierto el Chikilicuatre, por lo menos estaba en lo suyo. Le acompañaba como presentadora Alaska, no se candidateaba, como Azúcar Moreno con su Postureo,  nos ahorramos más bochorno y revueltas al reloj de arena. La tercera presentadora la desconocía, encima le faltaba un tazón de tila o miles de horas de ensayo, más enchufes.

Los del VAR componían un jurado internacional, creo que expertos en lo que se lleva, es decir, lo que da el cante; más un barullo de votantes, unos elegidos por la maquina encuestadora, saber precio, otros a la pata la llana por la red.

Decoradores, luces, efectos especiales, rebert y cucamonas a placer, costes a lo Bigote. Los verdaderos protagonistas, los competidores, sus actuaciones, salvo escasos detalles, como les gusta decir a los entrenadores, profundizaron en la cortedad de facultades vocales,  grandes desafines, poca o regular escuela de su instrumento natural, y más vueltas en el baile que mi reloj de arena, por eso de llenar el escenario de contenido ante el vacío natural interpretativo.

La moda es vulgar hasta que se asienta, la hacemos norma, como el perreo y el postureo de las canciones. El castellano que amplió fronteras de entendimiento universales, se queda en murmullo de voces corales lejanas. Unas mocitas gallegas defendieron la lengua de Rosalía de Castro, las de mayor soltura y acierto, para mi ajado gusto. Al menos, lograron que no se me indigestaran los pimientos de Padrón, prefabricado que acababa de digerir.

En fin pasé el rato entre postureo, perreo y demasiado berreo, y para mi cabreo, me sopló el alma quieta como consuelo aquello de: Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada, y entre las olas sola. Lope de Vega para mi desvelo.

Curro Flores

 

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