EL OLIVA VIRGEN SANADOR
Dos benefactores científicos de la UMA, los catedráticos de las aulas malacitanas don José Antonio González Correa y don José Pedro de la Cruz Cortés, han recibido el premio de investigación del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, por su trabajo: “Effects of some olives fruits-derived products on oxidative stress and cardiovascular biomarkers on experimental diabetes melitus”; publicado en la revista Actualidad Médica. Me he despachado con el titulito en sajón, para que se vea que todo no es very show fandango en los pagos costasoleños. Los doctores laureados en Al-Ándalus, fieles al conocimiento hipocrático, nos han perjurado que nuestro primer medicamento es la comida, siendo más placebo la farmacia que un sustancioso banco de alimentos, hay que dominar la farmacología como ellos, para darnos clase y hacernos papilla la tarjeta sanitaria. Los descubridores del Ibima de Málaga nos han dicho que los enfermos diabéticos tienen una protección renal gracias a embucharse con aceite de oliva virgen extras. La verdad al precio del AOVE, que le dejas un riñón a la cajera del Súper cada vez que enjaretas una botellita, algo debe de tener la grasa para que su gracia nos consuele. Desde que a la industria olivarera le ha crecido la caja, auxiliada por el gasto del paso para su pose a los lineales y la pertinaz sequía, el españolito de pan con aceite, se la ve y se las desea para cumplir su requisito de desayunarse un joyo; he seguido con cierta insistencia el AEMET, para ver si los olivares sequitos se refrescan y se puede molturar unas aceitunas satisfechas. La cosa es que al ver la Laguna de Fuentepiedra repleta, con los flamencos rojos graznando por bulerías, se me alegraron las pajarillas pensando que la cosecha del año que viene vendría con rebajita; así me podrá sustraer hasta el OCASO la cuota de los Santos Óleos.
Curro Flores
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