HORIZONTES SIN BISONTES
De niño no me disfrazaron de bandolero español: mi sombrero con estrella de sheriff, camisa a cuadros, chalequito molón, correaje con colt de tapón y pantaloncito de lana, los vaqueros todavía no los había pasado por Gibraltar la proveedora de “indesmallables”; todo para pegar dos carreras haciendo pum-pum y retrato de estudio apuntando a un peluche. De eso, a cientos de peli de cowboys en programa doble, a gritar contra el imperialismo Yanqui me dejó crecer la barba; hasta el desasosiego de esta madrugada, de compartir las noticias sobre las terribles consecuencias de las inundaciones, con la barrabasada de que pudiera salir elegido el martes próximo, presidente USA, el más que vituperable Trump. Si estuviera allá, me renovaría en forofo político pro Kamala Harris, para gritar con mandíbula de jubilado en Las Vegas, con los contoneos de Jennifer López y Maná, secuela de bárbaros demócratas apurando las últimas caladas de la Superpotencia. Salvo para Disney, lo de Donald es de inmensa gravedad, pero la “fiebre del oro” devora la calentura del capitalismo en su esencia. Mi biblioteca de marxismo y allegados, ha cogido polvo de desván en el taller de costura de las arañas; ahora Pericles se ha saltado el Caballo de Troya a la piola para lucir en las baldas, todo el inmenso arsenal de tratados sobre la democracia que he atesorado, y me presto a prestarlos como el que difunde octavillas militantes. Si voy de locura de Caballería que hasta asisto a los debates de la comunidad de propietarios, exigiendo que se vote; es hora de tener su charlita con la Inteligencia Artificial, para que le diga a la “Natural” que cambie el paso hacia el milagro de saber y poder votar, porque con las escases de la Von der Layen, poco que hacer oteando el horizonte con Trump, Xi Jimping y Putin.
Curro Flores
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