REDUCCIÓN DE TONTOS
Ser liliputiense, tiene su cosa, que te traten como enanito mental, es la vocación hispánica de vendedores al por mayor y oficiantes minoristas del mostrador; amén que en la historia sisaba el ya desaparecido gremio del descuido, lazarillos y mecheras de la banda contraria. Evidentemente dicen bien algunas cadenas de establecimientos tratando al consumidor como “el jefe”, evidentemente, pero en el batallón de carritos que chocan frente a las lineales, uno hace de jefazo de “primos” por ser más familiar. Anoche, con esa alevosía que trata el Parlamento las cosas de interés para el votante, porque consumen y ocupan los turnos y las replicas por la falta de Justicia y lindezas de sospechosos por hábitos y secuelas; por fin tomaron medidas nuestros representantes sobre la reduflacción en los artículos del cotidiano condumio, desde unas lascas de mortadela al paquetito de 100 gramos, al puñadito de granos de arroz de la bolsa Calasparra, tanto es el abuso previsible de la dieta por la mangucia, que han tenido que cortarle algún metro al rollo de papel higiénico, porque deponer se reduce un tanto. Parece que el Caco Bonifacio es un pardillo, comparado con los “forbes” nacionales dueños de las marcas blancas, inodoras e insípidas. Nuestra democracia nos la ganamos tarde, por eso no nos debe extrañar que en los abusos al consumidor vayamos a la zaga de algunos adelantados europeos con más oficio, para mantener en cintura a sus grandes mercachifles. No conozco cuando entrarán en vigor los controles aprobados, me temo que a la tableta de turrón este año le seguirán faltando dos bocados y el pavo habrá perdido la pechuga; puede que el legislador tenga reservado en la boina, mandarnos al banco de alimentos, en el que el kilo de garbanzos sigue pesando lo suyo; porque la picaresca emblemática de nuestro devenir, siempre la llevó a los altares nuestra caricatura de caritativos.
Curro Flores
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