EL LLANILLO
Un resuello matutino me llevé al leer que mi Llanillo perchelero lo estaban remozando; algo tiene la infancia que da repasos en la vejez de todo lo que la memoria diligente había obviado. Alfonso Vázquez, excepcional periodista con la sherlock puesta en la Ciudad del Paraíso, nos titula que mi Llano de Doña Trinidad abandona el cutrerío remozado a los muchos años de olvido por el Ayuntamiento. Mi madrina Concha la Carbonera, mi pariente el Molina despachando quitapenas en la otra esquina, el padre de Mari Carmen vendiendo tabaquillo, mi Joaquim el barbero contra mi flequillo, su hermano el Balta, mi practicante de guardia, el eterno Julián, el portero del Plus y hasta mi primer querido maestro don José de San José de Calasanz (cole del Llano), ni Juanillo que me regaló mi primer triciclo de quinta mano de su kiosquillo, a pesar de los penares y olores de alcantarilla, su eterno humano de posguerra ,siempre los alejó de la cutres. Gabriel heredero de la peluquería paterna y algunos vecinos de la resistencia, han obrado el milagro de la constancia reivindicativa, para que al final don Paco se acuerde de sus abandonos urbanos. De peque me reía cuando las autoridades municipales pusieron bancos de mármol y al día siguiente todos los vecinos espabilados tenían lujosas cocinas. De las hazañas de mi padre se contaba que con un pulmón menos, era el primero en llegar al gallo de la veleta de la Casa de Socorro y rematar el cuero en el portalón de la fábrica de sombreros. Hubo unos tiempos en que el cielo se me estrellaba en los sueños juveniles de sus sillones verdes, mientras descubría apavado la gravedad, de los canturreos del Ronquillo rifando su radio retransmitiendo en arabesco. Loor y gloria a la nueva compostura, ojalá con la fuente de colores y sin el guarda cojo deseando cogerte para arrearte un bastonazo.
Curro Flores
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