jueves, 13 de marzo de 2025

KIOSCOS CHÉS

 

KIOSCOS CHÉS

Los que aún consumimos prensa escrita, podemos padecer la deriva de los kiosquillos malacitanos, mayormente cerrados o convertidos en cajeros automáticos, como chiringuitos a lo don Paco. Me empeciné en buscar la revista El Cultural, amén de la prensa calentita, la primera en la frente, el kiosco cercano al hospital, había jubilado a su vendedor gracioso y alborotador, traspasando el servicio a uno de Psico Aires quién con acento de allá, me adoctrinó, -que había dejado de servir prensa porque no le compensaba financieramente. Antonio, mi vendedor de siempre, de madrugones noticieros, se me hizo mayor como el menda, dejando al frente de su ventanilla  a otro de la orilla de enfrente en el Mar del Plata, quién abandonó los rotativos porque le daban menos ganancias que los cartuchos de pipas. Me largué con la desesperanza para el Parque, el puesto del botijo de agua para ir a los toros estaba clausurado, pero si metías la tarjeta en su Automated Teller Machine te podías enterar que tenías la pensión en rojo; seguí sorteando turistas hacia el final de la andadura; pero aquel despacho de prensa de La Nación y Clarín, se había convertido en un escenario de cachivaches para niños, pregunté a una joven por El Día y un ¡ché boludo! fue la despedida. Recuerdo tengo del nacimiento de ese lujoso tenderete para porteños, gracias a los cursos de verano del Excmo. Don Manuel Alvar, Ernesto Sábato nos ofreció unos encuentros para escritores noveles y mayores en la sala adyacente al despacho de la Concejalía de Cultura, siendo edil abandoné mis funciones para empaparme de sus enseñanzas; entre los alumnos destacados de junta palabras locales, asistía un atento y adulador argentino, quién con su manejo y palabrería, por unanimidad del Consistorio se ganó los emolumentos en la preciada esquina, para leer las nuevas que venían de allende los mares. Una licencia para un kiosco o la de un taxis era el manjar de la disputa de los aspirantes al dedo del poder municipal. Ahora me he tenido que ir al eterno portalito de calle Larios, a comprar mi revista para cultivarme en tinta impresa.

Curro Flores

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