LA POBREZA EN LA MALAGUETA
No sé si por miedo o rechazo al indigente (aporofobia) o por aporo lástima al pobre sin solemnidades; por lo qué la Asociación de Vecinos de la Malagueta ha elevado protesta a su alcalde y convecino; para que los aparte de su vista placentera a la tropa de homeless. Vivir a la falda enladrillada de Gibralfaro y aterrizar en su rebalaje al chiringuito Mediterráneo, merece más enjundia y clase; por eso el censo dio más votantes de Vox en las generales, superados por De la Torre en sus municipales. Tener unos contados pedigüeños en la Puerta de San Gabriel, cubre el espectro de la caridad cristiana, pero los excesos salvo en sus bolsillos son insoportables. Muchos calambrazos ha tenido que dar el vecindario de “toda la vida”, para que los activistas de la Asociación recojan la corriente, pero difícil lo tiene el amigo Paco y edil, porque el almacenaje humano es voluntario y viviendas que se sepa, las hay pocas, caras y en los nuevos torreones. Los que al aporo le hacen asco, a la xenofobia de alquiler le ríen la gracia, porque los pisos turísticos alargan los dividendos hasta la gloria. Difícil es la tarea de darle cobijo a los que buscan roncarla entre las hamacas y los hidropedales; pero sin ser de hoy para el fin de los tiempos, es obligada una política de Servicios Sociales que preste atención a estos ciudadanos, para tratar de incorporarlos a la normalidad vital. Más difícil es superar el miedo y rechazo a los otros (pobres y extranjeros), encima cuadrando el círculo la ultraderecha; a la que hay que prohibir su existencia legal e impedir su presencia en las urnas como partido político. Los que somos demócratas, socialdemócratas y liberales, tenemos que henchirnos de nuestros valores para no dar legitimidad o sentimientos de normalidad a los patriotas de chacha filipina.
Curro Flores
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