martes, 31 de marzo de 2026

CHIRINGUITEROS GUINNESS

 

CHIRINGUITO GUINNESS


Hace tararí de años, de concejal de Turismo, me llegaron dos nipones para encuestarme sobre nuestra historia del desarrollo turístico, porque no sé en que zona de Japón pretendías emularnos por nuestro éxito mundial. Llevaba dos horas frente a su mamotreto de folios, dando cumplidas respuestas, pero ante tanta pesadez, resumí a la ligera: -miren ustedes, nosotros estábamos pescando o descansando sobre las redes en nuestros cañizos playeros, y de pronto llegaron los aviones, desparramando las guiris en bikinis por la arena. Primero el botijo, después la sangría y los espetos; llenaron nuestra choza de apero de mesas, nació el chiringuito..., ahora, lo que ustedes ven, sin estudios previos. Invité a los sesudos a un chuiringuito que conservaba la esencia, suelo de arena, abierto entre cañas y un viejo mostrador de mil Victorias.

Desde que el lujo está en caja, y el ingenio oficial desparrama montañas arenas de la playa al rebalaje desde los fondos del mar, los asociados chiringuiteros, ahora empresarios de playa cinco tenedores, han ganado en luxuri sus viejos espacios ganados al demanio público, por las artes de birlibirloque de las concesiones de Costas, de fiel obediencia a los deseos de eternidad de los adjudicatarios.

La ley de vida, o sin ley, ha hecho que algunos ex desaparezcan y que los nietos e hijos de los viejos pescadores, llevados a camareros, hayan hecho estudios y oficios, desechando la esclavitud de servicio de sus mayores. Así que los signos de los tiempos, han operado en traspaso o chagüi de las adjudicaciones oficiales, operándose un trastoque de poseedores de las instalaciones, hasta que los nuevos saciadores, han cambiado el menú de pescaitos y la caña, por la pinta de guinness, lambrusco y pato pekines.

Imagino de la fuerza y presión que ejercen, las tropas de mi amigo Manuel Villafaina, presidente de los chiringuiteros desde que hacía windsurfing Jesús por el Lago Tiberiades. Lo que no deja de asombrarbe es el celo de la administración de Costas, por la observancia de sus estrictas normas, para que se adueñen del destino de la playa los nuevos empresarios de allende nuestros mares, que han recalado a golpe de billetes.


Curro Flores


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