miércoles, 18 de marzo de 2026

EL ESPAÑOL PARA HERMANARNOS

 

EL ESPAÑOL PARA HERMANARNOS


Hace una ristra de años, tuve la oportunidad de participar en la acogida de un Congreso de las Academias de la Lengua Española en la ciudad de Málaga. Mi inolvidable amigo, el excelentísimo don Manuel Alvar, director de la RAE, nos brindó al Ayuntamiento la posibilidad de organizarlo. Pude asistir a los debates abiertos por los académicos, y entre sus sabias magistraturas entender en algo más mi ser hispano, las relaciones históricas y venideras de los pueblos americanos, a través del vehículo común nuestra Lengua, mejor hablada, conocida y enriquecida.

Para no olvidarme, tengo ante mí siempre dos tomacos: mi primer diccionario que ya me mira con tristeza, por mi escapada a Internet, que ya de más mayor supe que estaba hecho en las Américas y que gozaba de todas las palabras nacidas en aquellas tierras; por otro, tengo el magnífico diccionario de mi dilecto Manuel Alvar Ezquerra, de la Lengua Andaluza, éste más al uso para no trabucarme en los significados de mi argot del terruño.

Para más curiosidad, en el acto de clausura, generosamente intervino Pepe Romero, que por aquellas fechas dirigía el más importante curso internacional de guitarra en el Conservatorio de María Cristina. El presidente de la Academia Española en Francia, de Arcos de la Frontera, aficionado y ejecutor de la guitarra clásica, me felicitó por la presencia del entrañable Pepe; diciéndome que su disco más caro y escuchado en su fonoteca era El Concierto de Aranjuez, grabado por él con la St. Martin in the Fields, culmen de la mejor interpretación de la creación de Joaquín Rodrigo. Mostró su extrañeza cuando le dije que Los Romeros eran malagueños, por los que me salió el malaguita, para decirle que también Picasso lo era y no francés.

Algunos de los asistentes, en un ambiente fraternal y enriquecedor, hablaron que la profundidad en el conocimiento y explicación, de todas las realidades de la Conquista de América, aumentaría la hermandad, y evitaría las eternas sombras de sospechas que se infundía de los españoles. Cosa que ahora ha abierto el Rey, con contestaciones a tono y desentonadas del panorama político hispano. No me llama la atención de la revisión de los de siempre, porque Feijoó y Abascal, a sus maneras, son herederos de aquello que nos hacían cantar con la osadía del ministerio de la ignorancia en el patio del colegio, lo de: -”Nuestra España gloriosa nuevamente ha de ser la Nación poderosa que jamás dejó de vencer...”.

Triste me puso el final del acto, porque sentado en la misma mesa que la representante de la Academia cubana, la muy delicada y joven señora, empezó a llorar, y entre sollozos con acentos habaneros, me dijo que con las sobras de nuestro ágape hubiera comido sus abuelsy muchas familias una semana o más. Entonces me acordé del discurso de Fidel que releía con fervor en la juventud: “La Historia me Absolverá”.


Curro Flores


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