sábado, 16 de mayo de 2026

LA GRAN REDADA DEL SUR DE EUROPA

 

LA GRAN REDADA DEL SUR DE EUROPA


Hoy día de mi asesada reflexiva electoral, me permito como en las antiguas comuniones, el mandato del ayuno, politiquillo en mi caso. Por eso, me he trasladado a los finales de abriles, cuando la barriada de La Trinidad, y el Llanillo, -plaza de Doña Trinidad-, se vieron invadidos por más uniformados, que el 8 de febrero de 1937, cuando las “tropas moras” e “mussolinianas” invadieron la capital, al mando de Queipo de Llano; o en los fastos desfiles del Lunes y el Jueves Santo.

Con gran tropel y mayor sigilo, para evitar la “desbandá” de las familias de los malhechores que asolan la barriada cautiva, 250 policías y agentes de paisanos, detuvieron a algunos “Nieves” y “Jordan”, registrando a mamporrazos los narcopisos en disputa por las dos bandas, y requisando unos arsenales capaces de balacear el Oeste y el western almeriense.

Conforme leía la noticia, me acordaba de los vecinos que aun resistía en sus techumbres y locales de aquella infancia; de la constitución de mi primera asociación de vecinos; de la labor que realizamos con la Cooperativa de Viviendas San Vicente de Paúl, y, como no, del trabajo continuado del Ayuntamiento del alcalde Pedro Aparicio, en el que se gastaron millones, horas y fatigas, para restaurar las viviendas trinitarias y percheleras, al mando de los tres mosqueteros del primer PGOU de la ciudad, y capitaneados por los generosos Pepote y Chumi. Con estas viejísimas nostalgias, y la aparición de los pisos para el despacho de drogas, el más cuerdo se envenena, al ver que por la calle El Tiro paseando, te pueden abrir una tronera en un tiroteo.

Al ver el armamento en fotos y leer los atestados, más, los dispuestos para llevarlos a chirona, exhalé un mediano suspiro; porque aunque el compañero subponcio, don Francisco Javier Salas, haya dado el alto, para evitar la connivencia de los especímenes que se venían apoderando de las viviendas restauradas, desalojando a sus vecinos de derecho, la semilla de la maldad es capaz de establecer su morada en cualquier sacristía. No sé, pero en el gris pasado, había un cuartelillo cercano a la Fuente de la Olla, hoy el NH. Mi querida Casa de Socorro, hoy para eventos culturales, fue acuartelamiento de una sección de Municipales. Ahora, antes que el alud de los Nieves, y las aguas de los Jordan retornen, un destacamento debe poner orden de buen sheriffato, como demanda el buen vecindario.

Por cierto, el apodo de los Nieves, creí haber desaparecido, con el óbito de algunos los originales de antaño; pero siguen las secuelas, de los que me condenaron a muerte, por un affaire ferial, debido a que los funcionarios le retiraron el permiso de su Caseta por usos indebidos. Pepe, el Loco, eterno empresario feriante, me dio aviso y la policía pudo comprobar la seriedad de la amenaza, por lo que tuve un mes dos escoltas. El caso se resolvió en la Playa del Bulto, porque enterado los Charros, se dispusieron a protegerme entablando una charlita de muerte con mis adversarios. Resulta que los dirigentes Charros, estaban muy agradecidos, por la caseta de feria que dispuso la Asociación Calé en manos de Fernando Gabarre, por lo que descubrí, que sin quererlo, le había puesto una vela al diablo y después salvador.


Curro Flores



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