miércoles, 17 de junio de 2026

EL CÁRTER DE MERDELLÍN

 

EL CÁRTER DE MERDELLÍN


Una plataforma del plasma, se ha dedicado a seriarnos las bios de los narcotraficantes Escobar, el Chapo; así que me he puesto en Medellín, Sinaloa, Sonora y Cali, vía Google, durante el hastío del inicio del estío que va a asolar a tantos merdecas. Seguía a pos renglón en gazpacho la operación germano-hispana, de la interceptación de un alijo en El Egido, de frutas por coca. Resulta que el narco-jefe era un paisano boquerón de agua-salada asentado en Aguadulce, que según titulares tenía una prótesis de cadera, como yo tengo reuma hasta en mis prótesis, no sé lo que añade que haya pasado por el quirófano de los “carpinteros” del Insalud, para que la prensa lo identifique por sus cojetás.

Lo cierto es que el presunto traficante malagueño, no sabemos si irá esta noche, con el Almería o con nuestro Club; pero ha tenido a bien retrotraerme a los ochenta, cuándo una gracieta de Leopoldo del Prado, líder de los primeros ediles comunistas de Málaga, me apodó “el sobaco ilustrado”. Noctambulaban por aquella época un grupo de 30 jóvenes elitistas y ella, tarareando con su “escopeta y su perro” en un cerro de copas, con alguno de la coral espabilados con las rayitas colombianas. Como no era de sus concejales preferidos, alguno me espetó por el mote de mis axilas, pero como era pronto en el ingenio, llamé a aquellos merdecas “el cárter de Merdellín”, ya que hacían gala de malagueños en merdellón, con sus poses fiesteros.

Desde que me divertía contando estrellas en los Sesenta en el Llano de la Trinidad, mis amigos del barrio, me animaron a crear un grupo contra los primeros estragos que producía la droga en jóvenes conocidos que empezaban a trabajar en la barriada de “Torroles”; pasado el tiempo, canutos y pinchazos, perdieron chance ante el poderío del olor a la polvarea blanca. Un día leí la noticia que, en los entornos de la Malagueta, algunos empresarios del lugar, se pasaban con las “rayas”, escrita por mi amiga, la excelente periodista antequerana María Dolores Tortosa, esposa del que fuera santo alcalde socialista de su ciudad, Jesús Romero, simpar restaurador de todo el patrimonio religioso. La llamé para felicitarla, pero la encontré algo omisa en la respuesta, posteriormente conocía que, ya no escribía en ese medio nacional, y también local (por el empeño de un empresario de aquí, del ladrillo y el concurso de acreedores).

El chasco me abrió los ojos sobre los poderes del tráfico de droga; aunque lo persiguiera la leyenda urbana, tan real, los cárteles de Merdellín se han apoderado hasta las rayas del tercio de picadores.


Curro Flores


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