SUB JUDICES
Mi emérita experiencia de política militante y pública, aunque de mucha tropa, viví todo a tropel el cambio democrático y la deriva existente. Gasté las energías de trastienda, viví la alegría de la gran mayoría española, me planté en el edilazgo sudando gota a gota la sesera para transformar mi ciudad y sus vecinos, gocé del gran afecto del paisanaje a los primeros políticos electos, pero sufrí la deflación de la inquina provocada contra los representantes públicos, desde el inicio de los noventa por el adversario apremiado de poder, capaces de echar quintales de venenos a la balanza de la Justicia.
Como es natural, atento a los medios de todos signos, y a las nuevas secuelas bits del boca a boca. Por mis estudiaje para la efectividad del mensaje político, pudiera rellenar miles de engendros para zaherir a los contrarios, en pro a las incidencias de la casuísticas judiciales de sus gobernantes afines y correligionarios; más, en los día que la Red se convierte en el emulo infectante de las guerras psicológicas.
Pero tuve la mala suerte, por ventura experiencia, de sufrir páginas y emisiones contra compañeros de honestidad a prueba de fuego, mi alcalde, Pedro Aparicio y algunos de nuestros concejales: sometidos al acoso y derribo social, con denuncias inanes, pero capaces de armar todo el revuelo informativo que los provocadores pretendían. Supe en la intimidad, del sufrimiento que padecieron, mientras los titulares los condenaban. Nada de lo denunciado en casi una decena de casos abiertos, tuvo más recorrido en los juzgados, de no haber ninguna causa, pero la tardanza hizo su rescoldo de banquillo. Nadie se atrevió a publicar una rectificación por lo que habían publicado, ni los infectantes su arrepentimiento, hasta algunos vagaron en los primeros gobiernos municipales del PP en Málaga.
He leído hasta parte de los sumarios vivos que, cada día callejean el vocerío contrario a los políticos. Hasta a un majara le he hoy escuchado en un bar la barbaridad: -”de que ésto Franco lo arreglaría en un ratillo”. Nada me impide, y más en vísperas de San Juan, juguetear a calentar la hoguera. Pero por mis creencias democráticas, sumado al lastre del deber socrático, mis opiniones las guardo sub judices frente a mis tirios o troyanos, a espera de las sentencias finales.
Curro Flores
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