LA TESTA DEL SECRETARIO DE GUERRA YANQUI
Míster Pete Hegseth, joven jefecillo del Pentágono, mejora la horda de Secretarios de Defensa USA con afanes bélicos, porque teniendo unos eméritos que no firmaban la “pipa de la paz” por más que le viniera un arrebato estratégico de cobardía; Pete puede elevar su ignorancia, ya que teniendo por jefe Oval a Donald, es de buen meritorio querer llamarse Secretario de Guerra, porque la moda es el ataque, y la Defensa es un eufemismo impropio de la cobardía del progresismo invasor institucional. La verdad que después de haberme leido de cabo a rabo la bio de Robert McNamara, de notable curriculo profesional e intelectual, la presencia de este personajillo belicoso dice de más, lo que es de menos en la decadencia del Imperio, aunque McNamara tuviera por mérito su mando en las barrabasadas del conflicto vietnamita.
La Casa Blanca organizadora de peleas UFC Freedom 250, está suscrita a Hazañas Bélicas, y de la conmemoración de los 250 años de Estados Unidos, tienen por devoción a Bufalo Bill y por antagonista al apache Gerónimo, para presumir de sus odres de testosterona.
Los nuevos indignatarios, en sus cortas luminotecnia, no saben si es del comunismo, del islamismo o de la hipocresía liberal, el motivo de que haya coronelas con faldas en los cuarteles, y que se pinten las uñas los soldados tramps en los desfiles; pero incrédulos del calentamiento global, si creen a pie juntillas, que las nuevas generaciones tengan un declive de testosterona, frente al pasado, que mantienen al “soldado americano”, temblando cada vez que tienen que exhibir su ardor guerrero.
Así, en video y en las redes mr. Hegseth, quiere que los soldados de más de 30 se hagan la pueba del valor, para que si se diera el caso se inyecten hormonas masculinas; como hace el Secretario de Salud, Robertito Kennedy Jr., que a los 72, para fundirse en el tálamo, se da un chute de empalme cada dos por tres.
La hormona machotera me ha retrotraido a los renacimientos de nuestro PSOE pos franquista, muy varonil en sus primeros pasos, en la que crecían los conflictos por los taifecillos, y que nuestras primera sensatas feministas, tenían la palabra “testosterona” para describir la estupidez de los interminables litigios en liza.
No sé lo que se toma la locura de Trump, conociendo lo que se inyectan sus secretarios; pero en mi Hogar del jubilado, notamos el estornudo de ganas de batallas, si uno de nuestros gagás se anima tomando un carajillo de Ojén, como lo hacían los sementales de New Orleans.
Curro Flores
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