lunes, 23 de noviembre de 2020

EL RATO QUE TUVE DETENIDO COMO TERRORISTA

El rato que estuve detenido como terrorista

Fisgoneaba en el último número de la revista Tiempos de Historia (1982), y me sorprendí con una foto, dónde aparece joven mi más que conocido, Juan Hoffmann, de uniforme nazi, entre el general jefe de la División Azul y Adolfo Hitler.

Esa imagen me ha retrotraído al día que muy ufano iba por el aeropuerto de Múnich a facturar mi pesado equipaje, tras el éxito que tuvimos en el sorteo de la sede malagueña del Mundo básquet 86, tan distraído me urgía, que no pude ver los dos atlantes uniformado que me escoltaban con sigilo, hasta que de un empujón me metieron en una habitación, me registraron, casi me destrozaron el equipaje cargado de cuadernos recién comprados en la mejor papelería de la capital bávara. En mi inglés “aperchelado”, clamé porque llamaran por los micrófonos de ambiente a Hans Hoffmann, quién iba a coger el mismo vuelo que yo, y venía con la representación malagueña del hermanamiento con la ciudad de Passau.

Aguardé inquieto y muerto de miedo, mientras hurgaban mis sayones en cada hoja en blanco de los blocs, esperando que me dejaran para el arrastre, pero milagro apareció el amigo Hoffmann, quién trató severamente a los teutones uniformados, los cuales como única respuestas mostraron una foto de un peligroso terrorista de Oriente Medio, y como dos gotas de agua era su parecido conmigo, me miré al espejo y me palpe la cara antes de empaquetar, así como agradecía al cónsul general de Alemania en Málaga, su oportuna aparición, quién con risas, me dijo, que no pasara mucho por las aduanas.

Hoffmann era una persona muy reconocida en Málaga, fue un sincero colaborador con el gobierno municipal socialista en el acercamiento a las representaciones diplomáticas locales; fue impulsor del colegio alemán en Marbella; por idea de Franz J. Strauss organizó el hermanamiento con Passau; un día nos invitó en su casa a departir con Billy Brant, quién lo tenía alojado, y allí acompañé a Pedro Aparicio y. mi gran amigo Dieter Konecki.

No sé si nuestro último encuentro fue en el hotel La Bobadilla, en una recepción a los representantes  de Passau, mientras yo hablaba con un edil socialdemócrata passauense, que el puñetero había memorizado el refranero español. De golpe se armó un gran revuelo, Aparicio lívido, y es que por medio del jardín, entre el grupo, paseaba una culebra enorme, apta para ganarse la vida en la selva amazónica, Juan  hizo un gestos enérgico para ahuyentar al reptil.

Con los años, he conocido muchas informaciones sobre su pasado nazi, como el agente de la Gestapo Hanz Hoffmann, y sus ulteriores consecuencias, por mi parte solo tengo que decir que agradezco sus deferencias personales y que en Múnich me libró de una lluvia de galletas.

Curro Flores

 

 

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