LETIZIA Y ÉL
Salvo ponerle numeritos a los reyes y los Magos, a éstos sí, les he dedicado más tiempo que Ansón, el del veraz ABC, a don Juan de Borbón sin III. Siempre me han llamado la atención los monárquicos, de haberlos frecuentado más en las orbitillas clandestinas, en la que junto a especímenes del comunismo tiranuelo de Enver Hoxha, estaban las rarezas de Carlos Hugo de Borbón, pretendiente a la Corona de España, de socialismo autogestionario y carlismo light, a lo mejor hubiera entrado en su dogma del misterio, más apurado en lo sucesorio que la Santísima Trinidad. De Juan Carlos I en aquellas noches aciagas de contubernio malaguita antifranquistas, ni se perdía el tiempo; de Alfonso de Borbón sus vacaciones de cuché con la Bordiú I, después colorín colorado y nos emborrizamos. En época desmemorativa del 23F, algo me pasó el rollo de la tele, en la que aparecía una locutora joven de buena imagen, Letizia Ortiz, también me contaba ella el rumasazo. Los de EL PLURAL andan juntado líneas de secuelas de una conspiración contra el matrimonio Real, cosa facilita para los monárquicos de pro por chapucera, pero para el resto, -“¡lagarto, lagarto!, si es que la cosa no te importa un bledo. El libro del devoto Jaime Peñafiel, “Letizia y yo”, que no se sabe si se lo ofreció a la editorial Almuzara el autor, quién dice que fue encargo de Manuel Pimentel ex y editor, está siendo el que cargue sin chicha contada, con la llama de la trama de cuñadetes, empresarios, políticos, emérito y pajes de cortinaje que se suponen quieren infringirle daño a su fidelidad reinante. Los curiosos pueden seguir el lío, aunque mejor esperar encontrarse a un madrileño, que siempre están en el cocido. Como en línea dinástica no tengo nada más que el DNI y el viejo carné de beneficencia, poco habrían de ocuparme, aunque la paga, pero siempre es de preocupación las reyertas de los coronantes, porque desde David abusan de la honda para destrozar la almena, follón garantizado.
Curro Flores
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