LA ESPERANZA DE VIDA SE ESTANCA
Don Jorge Guillén afirmaba que perder la esperanza es lo único reaccionario; lo cierto es que en la lista de objetos perdidos podría tener un almacén de disgustos, por tantos extravíos de expectativas esperanzadoras. España ha vuelto a los datos de longevidad prepandemia, es decir, que nos tendremos que aguantar unos a otros hasta los 83 y pico, para que te tape la última palá, dejando de ser una carga para el sistema. Repasando la historia, una familia del inicio de los movimientos obreros europeos, la cascaba cincuenta años antes, por lo cual tenemos que cantar un aleluya de gracias a la vida que se me ha alargado tanto. Los datos, sin embargo, no son nada entusiasmantes, ya que según el termómetro la fiebre de matusalenes se ha estancado y ninguna decima se podrá añadir a nuestras arrugas. Ni la inteligencia artificial podrá retrasar el “perjuicio final”, es decir, nuestra añada de decadencia, sin estar en una de las cinco zonas azules, debe apurar el cafelito e ir despidiéndose por el móvil del médico de cabecera. Hace años, tuve la misión semanal de comunicar al vecindario las variaciones de nuestra población, las que daba con singular alegría porque los nacimientos ganaban de goleadas a los entierros; ahora que hay materno infantil y guarderías se nace menos, mientras los servicios de la parca no van a perder la comba; curioso dilema, tener la esperanza prematura del olvido con tanto Alzheimer.
Curro Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario