LENGUAS DE FUEGO
Nunca se supo quién hizo saltar la chispa, para que los discípulos amados, tomasen la de Villadiego con sus lenguas de fuego, para desparramar sin traducción simultánea las divinas enseñanzas por todo el orbe, huyendo de los hooligans del Gólgota. Ahora, los de los santos mártires Ciriaco y Paula, desprovistos de lenguaraces assimiles, nos pusieron una Escuela de idiomas, para soportar la bandeja de camaradería, a las órdenes de cualquier guiri. Los más crédulos munícipes, para evitar el ecumenismo de las lenguas incendiarias, nos colocaron un Real parque de bomberos, para que contaran las mangueras los forofos malaguistas. De la Torre virtuoso del enroque urbanístico, nos ha colocado dos mamotretos babélicos junto a la Escuela Oficial de Idiomas, pero hasta la presente es difícil entenderse entre sus habitantes fijos y los transeúntes, imitando a Babel. El común que tuvo en herencia chamullar la chispé hasta por señas, se ha quedado apavado por el clima de incomprensión que se vive; pero más anonadados por el montón de plazas vacantes en diez idiomas ofertados por su Escuela: inglés, francés, alemán, chino, griego, ruso, árabe, italiano, japonés y portugués; menos en español que hay over booking. El alumnaje prefiere aprender la lengua de Cervantes y del Bar; a la de Shakespeare y el Pub; nunca sabremos si las de la confusión hispánica: catalana, vasca y gallega, hubieran tenido matriculados por doquier político. Se me mueven los cimientos del demanio del Guadalmedina, porque en mi juventud el mejor castellano se enseñaba en el Instituto de enfrente por la insigne catedrática doña Elena Villamana, ahora tendremos que escucharnos con el nuevo vecindario en tartaja andaluz, sin saber dónde caen los acentos.
Curro Flores
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