ARRE GASOLINO
En los días del Cantamañanas,
la vuelta en el Correo de mi Aguilar, tenía el acicate de llegar a la casa con
los bultos en un coche de caballos, encima pasaba por la tienda de caramelos
del padre de mi querido Julio Quesada, y si tenía suerte se hacía una bajadita
para chuparme uno de fresa. Es una triste noticia lo del paso del tiempo, pero
como el Puerto está lleno de coches chinos, y en Málaga se han vendido el doble
de coches eléctricos que corriente para cargarlos; el alcalde más entendido en
obsolescencia de la Hispanidad, le ha dado el bote a las 25 licencias que
quedaban de coches de caballos, alegando la mala imagen que el relincho podría
dar a nuestras buenas costumbres de -cuidado animal-, más la extrañezas de foráneos
que ya no tienen diligencias. Ya de mayor en edil y paisano, se me llevaban los
demonios, cuando por el Centro y aledaños me pillaba el atranque de un semoviente
de tiro, más cuando el cochero en spanglish, paraba con su speech, con un -jiar
de cazidra o isti is de bullring, a la perorata que venía detrás. Los coches de
caballos, por históricos, como los abuelos, no hemos conseguido tener nuestro
carril de urbanita, como el gasolino, los eléctricos, bicis y patinetas; es más
la caquita a veces de nuestro abono, se desperdiciaba en las paradas, encima
las pituitarias modernas son más de diesel que de estierco. Con mis doce cumplidos,
mis adorables mulos en reatas, el burro y la yegua, fueron a la explanada del
mercadillo, mis lágrimas se soliviantaron al oír que su destino mortal era la
tripa de salchichones. Veo bien que el alcalde humanice las despedidas de los
25 rumiantes, de no ser necesariamente sacrificados, y que puedan ir a unas
cuadras de hípica o de paseítos hasta sus últimos días. ¡¡¡Arre Gasolino!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario