LAS MUERTES TENÍAN UN DESPRECIO
La comunidad, digamos
sensible, que se manifiesta con la bandera palestina y su kufiya por tocado,
está compuestas por millones de almas solidarias ante el dolor ajeno. En sus
cálculos a veces pueden celebrar los sumandos de la 80 Asamblea de la ONU.
Pero tratar de cerebrar el Deporte y sus instancias de poder, más en el récord
de contar monedas, que, de no darle una patada a los equipos israelitas, o pincharles
las ruedas a sus clubs ciclistas. El máximo dirigente FIFA, tan Infantino, se
la rempamfifa, porque no entiende de geopolítica su mundial entidad,
aunque le ha funcionado para las escuadras rusas en el limbo hasta que finalice
la ucraniada. La masacre en Gaza no va a impedir los gorgoritos del
elegido israelita en Eurovisión, a pesar de que los míos no vayan, ni con
canción protesta, ya el gobierno de Netanyahu se ha atrevido a amenazar la
salud venidera del certamen eurovisivo, si anulan su participación, dicho y a
aguantarse. Hamas que debiera de ser Jamás en el futuro, ha anunciado la
entrega de los rehenes, ante las delicadezas de míster Trump y si el primer
ministro judío para los bombardeos. Visto el juego, ni las acciones de algunos
países europeos, las naciones árabes, Australia, Canadá y todo el Atlas envuelto,
pintan ni fú, ni fá. Si fuera un Western, de los que se gasta la Segunda Cadena,
las muertes sin ser senequistas, tendrían su desprecio a la infinita potencia,
todo en manos de los malos, comparamos, que los palestinos, en indios de las
reservas, han secuestrado a la hija del general que los asola con su ejército
de cuatreros colonos, para quedarse con sus tierras y mandarlos a correr
búfalos al Pacífico; mientras viene a poner la paz el Décimo de Caballería de
las riendas de Trump, que ha visto si los terrenos en disputa, son aptos para
poner su buen resort con varios campos de golf con hoyos sangrientos.
Curro Flores
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