GOLIATS POR LOS RINCONES
Las turbulencias anímicas por el suceso de la gran tristeza, la relevante bestia de la Casa Blanca, los eternos flecos de las discordias del orbe; tomaron plaza en el pergamino de mi sesera y dieron banal cualquier intento del brote de las caligrafías. Así que escribo de la nada, para enjugar el plumín en tinta y lágrima, pero arriando humor, como el mejor consuelo a la tragedia de repetir la jaculatoria del consuelo de la supervivencia con: “salud, dinero y amor”.
Así que ataviado con el desatino, que el bañador no pega en gabardina, mascullaba los poderes de Francisco de la Torre, que mandaba el sosiego a los culturines de la City del Paraíso, encabritados por las hazañas de don Carlos Rubio, mandamás portuario capaz de remontar al cielo todos los estatuarios endiosados de los mares, para celar sus propiedades marítimas. Ser alcalde tantas jornadas, sin saber si le conmina el Derecho conocer, si es su deber dar el placet al desatino escultórico portuario, es recelo de alcance, incapaz de soportar la mediación administrativa en la duda ante el mal gusto.
La ley le da a las ciudades farolas, alcorques, ladrillos y censados; pero cuando se trata de partir y llegar a ellos, los poderes se trabucan entre los jefazos de los solares de puerto, aeropuerto, ferrocarriles y entradas de carreteras.
No está mal en pensar, que si don Pedro Bendala, director del Aeropuerto malagueño, llevado por el éxito de los casi veintisiete millones de pasajeros en 2025, quiera sacar pecho Medici, como don Carlos en el Puerto, y quiera levantar en bronce unos Goliats que empequeñezcan la torre de control: buena idea sería un Icaro mirando a Churriana; si devoto, cuatro arcángeles al vuelo; por el nombre Picasso del recinto, una Paloma de la Paz gigante y para la llegada de los del Cómic sandieguista, un Superman de veinte metros.
La María Zambrano está de luto, y el Hermes lo dejamos para más tardía chifladura.
Carreteras la recibiría un verdialero descomunal, porque su asfalto, quebró los carriles de sus andurriales festeros.
Málaga, por las esquina se lee: Ciudad de los Museos; pero si nos aflojamos los culturetas y no tiramos piedras sobre nuestras futuras estatuas, podrá ser la Ciudad de los Goliats, porque el buen gusto del David florentino ya tiene denominación de origen.
Curro Flores
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