jueves, 29 de enero de 2026

URDANGARÍN EN PORTADA

 

URDAGARÍN EN PORTADA


Mezclar a Montaigne con El Larguero, en el ocaso de arrugas con nocturnidad, ya no da para Las Mil y Una Noche, pero el gato está plantado sobre la cara ajada de Urdangarín, en la tapa de la revista semanal de mi periódico de cabezazo, desde que apareció en los kioscos para el país de alejarse del franquismo. Para el culo del felino era lo propio, el neoamarillismo del papel liso de alta calidad del Semanal (EPS), ni daba para sepia, quizá para el sonrojo de una historia de rigor periodístico, venida a cuento chino con mucho libro de estilo.

El exduque presidiario, no da para Alejandro Dumas, porque al parecer el único revés que ha encontrado es editar un libro, de (charlita de abuelo) llamada coaching; buscando moda en la venganza afligida, donde el propósito de enmienda, no se aclarará ni con lejía.

En fin el personaje ilustre, me hizo visualizar algún partidillo de balonmano, que para los que amamos el baloncesto desde la infancia, es un deporte de roñas, que se ahorran piel en sus baloncitos de los siete enanitos.

No es pereza, sino rechazo, lo que me impidió leer su entrevista viñeta. Pero a la mala suerte, de haber sido lector perenne desde El Alcázar hasta El Correo del Pueblo, me dejó un vicio sobre el papel impreso, desde la octavilla a la receta y la Espasa. Posiblemente fueran las hojas a multicopista de La Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, o los tomillos de secretos neolingüísticos e interpretación semiótica, el embrollo que me llevó a velar, por la sinrazón de la entrevista a don Iñaki.

Era mi costumbre, de si el semanario destacaba una figura, detrás venía el negocio, en esa forma que se llama contenido: película, libro o disco de nueva hechura del personaje en cuestión. Si venía como exclusiva, el producto creado pertenecería a la empresa en cuestión que soportaba su editorial.

Así que el celular, llamado móvil, le quedaba batería para ilustrar mi dedofilia, para indagar y descubrir que el chapú consistía en la próxima aparición del tratado de Urdangarín, editado por Grijalbo, de la cuadra editorial de la Penguin Random House, compradora de la extraordinaria cuadra libresca de los Santillana más entretenidos, que conserva la parte educativa. Es decir, los propios negocios del señor del Gran Poder, don Jesús Polanco. Es decir, todo está explicado, para el amarillismo de cabecera del gran retratado.

Me acuerdo, de que en un estante del Noche y Día de Torremolinos, haciendo madrugada con mi amigo Julio Quesada, cayó en nuestras manos en plena dictadura, un libro de Stalin, Sobre el Materialismo y el Emperocriticismo, muy propìo entre tanto Ángel Palomino. El libro prohibido era de la querida editorial Grijalbo de la que conservaba muchos ejemplares como oro en paño. Ahora, la querida editorial, fundada en el exilio mejicano del español republicano Juan Grijalbo, tomaba los nuevos mundos del tinglado librero. Editando con el amigo Mario Muchnik, los escritores de América desde el Ayuntamiento de Málaga, me enseñó mientras vendía su marca, que el negocio de la venta del papel impreso en librerías, si no estaba en compañías de tamaños de un continente, estaba llamado a la más completa de las ruinas y desperdicio su contenido.

Miré a media luz la biblioteca y sus montones adosados, con la distancia de todo lo añejo que me dejaré sin leer de los Gutembergs de mi pasado.

Curro Flores

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