miércoles, 28 de enero de 2026

LOS VOTOS DE LA MISERIA

 

LOS VOTOS DE LA MISERIA


Después de entierro, el humor del Hogar del Jubilado también muestra su mal careto, en el cafelito de hoy, porque el Parlamento nos ha dado la de arena, al votar contra la subida de las pensiones. El pellizquito de la de Enero, ya está agotado en la cuesta, y a esperar la de carnaval, para quitarle la careta a los ases de la miseria: Feijóo, su sidecar, Abascal y la embajadora del prófugo Míriam Nogueras.

Sisar a los abuelos, evaporar la mano de obra emigrantes son el deporte preferido; de los que ideologicamente se creen creídos, de creadores, guardianes de la riqueza y conservadores de las esencias nacionales, aunque arrastren el yugo de “La piel de toro” invertebrada.

Bonifacio, con la blanca doble, elevó el tono, porque desde el confín de la intemerata, venía como tantos mayores, encargándose de llenar la alacena y proveer las paguillas de sus nieto. Al ser el más político de cháchara, crujido por izquierdista en la represión, estudioso en trena de El Capital; desmontó los argumentos contra los sociatas de la derecha, de ser los guardianes de la pobreza, por nuestro afán del reparto de bienes por cabeza. El tiempo que llevamos navegando con Sánchez de timonel, resulta que hemos bajado de los dos dígitos el sonrojante paro; damos ejemplo a los guardianes mundiales de los datos del crecimiento de nuestra economía y la razón no se debe solo a factores de una estadística laxa favorable, sino a una mejora sustancial de nuestra productividad.

Nos dejó epatados, mientras contábamos fichas por parejas, pero mientras nos acordábamos de sus familiares, con la promesa de desurnarlos en la próxima.

Don Pijote de la Plancha, hombre de portátil en Red, lanzó un plan de hacer un proclama, para que tomara conciencia toda la Vejez, contra los recreadores de nuestra miseria; poniendo el acento también en la hornada de jóvenes desalmados, que escriben contra la paga de jubilación, por tributo de caridad, con la osadía de los peores que desearnos un pronto traje de madera, para no constituir una carga en sus beneficios económicos.

Molly, tan poética, mientras desbarataba las piezas del dominó, recitaba en murmullo a José Agustín de Gotisolo: “Érase una vez un lobito bueno...”. La seguimos, pero nos quedamos “in albis” rezongando.


Curro Flores


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