MI PUERTO A LA FLORENTINA
Los que somos de la “Ciudad del Paraíso”, por Vicente Aleixandre, en (sepia); malaguitas y turistas también, tendremos la oportunidad de extasiarnos a lo florentino o mendruguear a lo pejiguera, porque don Carlos Rubio, jefazo del Puerto de ocasión, ha devanado su sesera para ponernos en la puerta portuaria dos mamotretos escultóricos de un Neptuno de ocho metros y su Venus de seis, con dos leones bronceados de protectores. La cultura local esa chispas, pero nuestro patrón de los atraques, se ha cubierto la púrpura con el plácet de las otras autoridades incompetentes en el arte del buen gusto y sensibilidad urbana.
Los de mi generación vivimos un recinto en el centro de la ciudad de clausura, gracias al deseo de aquel Javier Peña Avizanda, al que el franquismo le daba todo poder en su feudo portuario tras las fornidas vallas de los talleres de La Fuente; a trancas y barrancas, democracia arriba, los de Aparicio (alcalde), caímos en la ilusa de que la incorporación del Puerto a la ciudad, obedecería a los deseos de mejorar con su suelo al mar la calidad urbana y ¡menudos chascos! El Plan del Puerto, querían los mandamases hispanos, que se ajustara al plan draconiano de Reagan, para sacarle a sus amplias parcelas la rentita, de unos bloques que saldaran su economía despetroleada.
El señor Rubio no cambia las costumbres instaladas a bamboleones políticos, porque su sin igual canonjía obedece a un ritual de obediencia a las alturas; y ese cargo por “autoridad” se entienda poder y extraño albedrío. En la política de los que transportan buenos carguitos, un retiro portuario goza de las mejores ventajas, salvo que un barco se salga del charco o no te llegue el saldo. Recuerdo en charla informal de campaña, que el candidato a la presidencia del gobierno, se interesó por un compañero que tenía despacho en el puerto de Almería, sorprendiéndonos a los de la banda, porque dijo; -eso quiero ser yo de mayor- e iba para La Moncloa, Salvo que te nombren observador del Pacto Andino, con una morterá en mano, por ver como se mueven las alas del cóndor, pocas cosas dan mejor supervivencia política que el puertito.
El problema es que cuando sacan poderes, lo mismo se meten a culturetas, como nos quieren dar lecciones de urbanismo, para elevar una torre casi por encima de las “tetas de Málaga”. En fin, uno de los mejores suelos de Málaga, a un juego de corte florentino por parecerse a los Medicis don Carlos, instalando norays colosales para que amarre el alma de los paseantes. El escultor de Cíclopes, mi desconocido Ginés Serrán, -por si quieren examinarme-, visto el malestar académico, apela a la parroquia, que verá en el tridente de Poseidón, no el de merendar megalodontes, sino las artes y magia de los dioses, para mover las aguas de maremotos, lluvias, disparar el arco iris y crear la calma. Mi menda, por lo pronto está a la moda en “alerta roja”, para ver si en mi encuentro con las esculturas, se tropieza la mascota del desembarco legionario y se lía la mundial.
Curro Flores
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