EL SLALOM DE LA RATA EN EL PASEO DE LOS CURAS


El slalom de la rata en el Paseo de los Curas
Hacía tiempo que no se hablaba de las ratas, salvo entre los bastidores humanos de maledicencias; a veces  alguna noticia de una plaga que tomaba cuerpo muy lejos de nosotros nos las recordaba. El roedor que más ha convivido con nosotros en los últimos decenios ha sido  el ratón, referido al mouse del ordenata. A tal punto estaban ausentes a la vista, que al mandar un mensaje a varios amigos  porque había visto en el Parque unos cuántos de estos peligrosos animales, inmediatamente algunos me contestaron de broma si de dos patas, mi respuesta fue lacónica, y con mayúscula, -de cuatro patas, con rabo y bigotes negros.
Desde hace muy poco, varias personas me venían comentando  haber visto ratas dando sus paseitos en los espacios públicos de sus barrios en la Ciudad del Paraíso, como si tal cosa, jugando a las discretas confiadas. Yo ya llevo vistas varias entre los setos del Paseo de los Curas, pero la última de esas de tamaño liebre, estimulada por la basura de restos de comidas alrededor de una papelera, se atrevió a cruzar el vial por dónde pasean abuelos, patinetes,  playeros y turistas. La campeona hizo un atrevido slalom, provocando gritos, fobias y desconciertos, hasta que asustada huyó sin logros buscando su guarida.
Entre mis primeros trabajos de edil  en 1979 tuve que enfrentarme a una superpoblación de ratas, con el peligro que entrañaban para nuestra salud, Málaga era una gran fabrica de suciedad en sus calles, y los vecinos más cultos nos pedían de broma que contratásemos al flautista de Hamelin para atajar la multitud de roedores. Por los técnicos veterinarios que dirigieron aquella campaña de desratización, pude saber que la población  escondida de éstos sinúrbicos era el doble de nuestros vecinos, y que cuando se superaba ese umbral, muchas se tenían que buscar la vida ante nuestros ojos, porque su voracidad engulle el 35 por ciento de los alimentos que existen.
En mi acervo cultural perchelero, recuerdo como se rellenaban los tomates más chungos de mistos de cachondeo y se colocaban en las esquinas de las casas, para que las devoradoras se envenenaran con la pólvora, el remedio siendo eficaz provocaba ese indiscreto olor a rata muerta, que se superponía a las de aquellas atoradas cañerías. Lo más divertido eran las batidas a escobonazos por en medio de la calle, hasta que terminaba la cacería con la pieza exhibida por el rabo, no había televisión en aquellos años.
No sé quién hace el padrón, pero hay 4.000 millones de ratas en el Mundo,  Nueva York con 17 millones se ha rendido ante ellas,  a la Gran Manzana no le queda ni el rabillo sin roer; en las orillas del Sena las más gordas toman el sol, y en el Soho de Málaga el graffiti de los roedores del aparcamiento de la Casa  de Campo, ha sido superado por la realidad.
Se puede hacer mucha literatura con este peligroso animal, que crece doblando nuestras poblaciones urbanas, pero antes que pillemos la ictericia, las ratas nos han dado el aviso, para que el alcalde de Málaga vaya cogiendo la escoba y las perdamos de vista.
Curro Flores


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