EAEA A CAMBIAR LA LEY
La fe que mueve montañas de embustes, no necesita carbonero que la azuce y la defienda. La edad agranda el pastillero, si por creencia tienes, desatorar las trampas de tu cuerpo; pero mejor no tires los prospectos, porque una leve lectura con lupa de las contraindicaciones, pueden soliviantarte los efectos perversos de las pildoritas diarias de la madrugá.
Los que con la duda por delante, permanecemos leales al partido de toda la vida; sufrimos sin necesidad de leer los recetarios, la defensa de un campo minado, como es mi gobierno de composición.
Días atrás, lanzaba mi viejo SOS, porque la ley del “sí es sí”, me estuviera poniendo en la calle a irredentos violadores; por los errores, sin llamarlos dudas, del texto aprobado. El legislador/a, más en los tiempos que corren, en los que los populares, han opacado las togas del poder judicial, debiera saber que no se debe dejar al albedrío interpretativo, la aplicación de la justicia, sin VAR que la socorra, con un mal reglamento de competición.
No sé si Pedro Sánchez padece cefalea, por su figura no se detecta; pero estoy seguro que la ministra de Galapagar, por la que se trago el sapo de la omnipresencia de Pablo Manuel Iglesias, le han hecho perder el sueño y fuerte dolores de cabeza.
Por eso, a los que estamos encastados en el PSOE, con más manchas que un cabestro; el paso dado para modificar la Ley Orgánica de garantía integrar de la libertad sexual, nos parece de una obligación sin paliativos, tenga el coste que tenga.
Sé lo que es gobernar en coalición y sus problemas, desde nuestra primera corporación municipal malagueña de 1979. Una vez tuvimos la gracia, de que viniera a jugar a la Rosaleda la Selección española, antes de la disputa internacional, saltaron todas las alarmas, porque el edil de cultura de un nacionalismo andaluz recalcitrante, había prohibido a la banda municipal, tocar nuestro himno sin letra, por el recién nacido de Andalucía. Los teléfonos rojos a todo timbrazo desde la Moncloa, arreglaron el cese del concejal.
Por lo visto la cesantía de la ministra Irene Montero, cuesta más que un deseo. Pero por lo pronto, ¡EAEA!, y a cortar su emperramiento.
Curro Flores
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