sábado, 25 de febrero de 2023

LA POLÍTICA PROCESADA

LA POLÍTICA PROCESADA

Me alisté a la actividad política con muchas razones, pero con la sinrazón de que no constituiría un oficio en mi vida, por más afición y fortuna con las que ejercí mis  representaciones públicas. Muy pocos de aquella Transición, salvos los venidos del nefasto Régimen o del peligroso oficio clandestino, dieron el paso al frente al activismo partidista con una brújula, aunque con unos tochos de creencias de más.

Con la distancia, que no la lejanía, desde hace un tiempo pervivo esa nostalgia; al percibir que preguntas y respuestas de la escena política, siguen un guión de Spilberg, de sagas de Tiburón o Parque Jurásico, anteponiendo al cabalgar juntos al solo en casa. En los patrones de la psicología esa manía se llama el “sesgo de confirmación”; por “acá y por acullá”, busco las coincidencias a mi ilustre pensamiento e intuición.

Chorizos y morcillas son carne procesada, pero aunque de roer poco, frente a un solomillo de ternera a la piedra, los adobos se vuelven un parchuli ante el sabor original. Por eso, aunque esto vaya de pescado, ya denominé a las nuevas generaciones de políticos de piscifactoría, muy de devorarse en la piscina por pienso de sardinas, pero poco duchos para aguas bravas, aunque todo lo salve un plan de marketing.

Mi generación, por bulla, lega en la gestión oficial; creímos en la necesidad de cultivar a los alevines de creencias, por lo qué nadie se puede quejar de no haber tenido que ver en enladrillar sus albercas. El problema surge cuando el oficio de servir a la comunidad, tiene menos aquiescencia para los ciudadanos, que en los tiempos dónde el bastón de mando, era como el de la varilla de las hadas vecinales, un deseo quimérico.

Aunque no me cuesta nada lanzar unos terabytes al adversario, tampoco me cuesta un descalabro, poner mis argumentos al servicio de la concordia necesaria en los momentos difíciles; para no estar siempre a metiendo el dedito en ojo, para aumentarnos la ceguera en el servicio de saber lo que debemos gobernar.

Me ahorro sin fin de ejemplos, pero de seguro el contribuyente no se mostrará tan huidizo.

Curro Flores

 

 

 

 

 

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