MENÚ CULTURA
No es la alta creación culinaria, ni una sopa de letras; el menú que ayer me zampé y degusté con delectación hasta la última cucharada. Antes de que se le abra el apetito, prefiero que sepa que amén de las viandas, recibí un atracón de alimentos del alma, propiciado por una serie de amigos de la “comunidad sensible” de Málaga, convocados/as por nuestro afecto y sensacional periodista Juan de Dios Mellado; quién durante muchísimos años fue capaz de iluminarnos las noticias, sobre señalados sujetos, con verbo certero y predicado sin excusas.
El correo electrónico, no la carta, dictaba el primero, el otro y los postres. Empezaríamos con la Generación del 27 e Hispanoamérica: ni mofongo de Puerto Rico, guacamole de México, ni chinchulines de allá; era sobre la perenne huella de nuestros creadores en el exilio, para propiciar unas jornadas, como el cante de “ida y vuelta”, de los que no pudieron volver, pero de los que su obra siempre está con nosotros para generaciones.
Después nos servían una transfusión de amor al doctor Norman Bethune, el médico canadiense, tantas veces heroico, que asistió a la Desbandá, la masacre de la carretera de Málaga a Almería, masiva caravana de tristeza, bombardeada sin piedad por las tropas golpistas de Franco.
Alguien podía decir el postre, pero a la postre lo que nos relamía, era la ausencia en nuestro texto constitucional de la Cultura como derecho fundamental de los españoles. El exfiscal, y, de tantas organizaciones de nuestra sociedad civil, presidente o miembro señalado, mi dilecto Antonio Morales; nos ilustró sobre la necesidad de justicia, para que nadie considerara la Cultura como un añadido graciable en nuestro territorio nacional y se constituyera en un derecho inalienable.
Muchos conocen mi relación con la actividad cultural, tenida como bien público por los ayuntamientos democráticos desde 1979, los ímprobos esfuerzos desde los gobiernos centrales y autonómicos de marcado criterio progresista, otros también, para llenar agenda de nuestros vecinos de acontecimientos y hechos de marcado sentir cultural. Pero envuelto que estuve en tanto activismo cultural, también aplicado alumno de nuestro Derecho Constitucional, que nunca caí en la cuenta de la fragante ausencia del principal nutriente para nuestros espíritus en la Carta Magna.
Gracias, querido Antonio, Juan de Dios, a todos, y, hasta el próximo panzada de devociones culturales.
Curro Flores
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